Rafael no se metaliza con los hierros

Siempre pensó ser médico, ingeniero… “algo grande”, según sus palabras, pero cuando regresó de cumplir una misión militar por 30 meses en Etiopía, su padre lo puso en relación con una amante difícil, meticulosa, de esas que demandan tiempo y destreza: la tornería.

Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

Rafael Mulet Gómez cursó la especialidad en la Fábrica de Níquel de su poblado natal, y tras varias evaluaciones alcanzó categoría superior, la pericia para hacer que los metales se rindieran a su empeño.

Vino a esta Isla a comienzo de los años ’90 y compartió por 13 años con los primeros obreros de la Fábrica de Caolín. Luego, al quedar transitoriamente interrupto, recorrió los rastros, encontró una pieza aquí otra allá y armó un torno, anexo a su vivienda en calle 18 de La Fe: “…con él trabajo todavía; una híbrido porque tiene componentes de cinco marcas distintas. Un torno viejo, pero resolvemos”.

Desde allí laboró para la cooperativa La Ceiba, la Empresa de Servicios Locales y la primitiva panadería santafeseña, “… haciendo piezas para evitar los paros en la producción por falta de repuestos”. Así hasta que se incorpora a esta opción laboral.

“Hago de todo –generaliza– desde enseres menores hasta reparar un tractor, un auto, una guagua… en reparación de maquinado”.

Este trabajador no estatal permanece cada día, por requerimientos de su labor, muchas horas frente al torno aunque es diabético e hipertenso y paradójicamente, según comenta, por sus dolores articulares tiene “…las rodillas ¡hecha tierra!”

Cualquiera pensaría que este hombre, de salud no tan buena y ya con 61 años, atesora un oficio con gran demanda y lo piensa como una gallina de los huevos de oro, pero no: “El precio de mi trabajo lo reconsidero y más bien lo relaciono con el tipo de persona, los rasgos del individuo. Viene un viejito, quien dispone solo de una chequera y le cobro un precio módico, diferente al aprendiz de macetón…, aunque el trabajo sea el mismo”.

Mulet –le pregunto ya a la despedida–, el trabajo de un cuentapropista, ¿cómo considera que debe ser en estos momentos? Y su respuesta es consecuente con lo anterior: “Aparte de responder a la economía familiar, debe resolver los problemas de la población y no ir tras la búsqueda del dinero. No debemos echar todas las culpas al bloqueo, pero está ahí y no tenemos piezas de repuesto. Entonces, gracias a los torneros, y no soy el único, se reparan o hacen piezas diversas y damos solución a incontables escaseces”.

Entrevistas Isla de la Juventud

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