Rábano, la hortaliza de cultivo más rápido

Foto: Internet

El Rábano es una planta herbácea, pequeña, que se cultiva para utilizar su raíz en aderezo de muchos platos o como vegetal cocido a fuego lento. Además, se prepara con ella el jarabe de rábano yodado, muy bueno para tratar las enfermedades del aparato respiratorio.

Hay dos especies: el Raphanussativus major, cuyas raíces son grandes, y el Raphanussativus parvus, o rabanito, con las suyas a un diámetro no mayor de tres centímetros.

Ambas, con amplio empleo contra el raquitismo, son antiescorbúticas, digestivas, sudoríficas, diuréticas, depurativas, carminativas y pectorales. Evitan el estreñimiento, estimulan la musculatura lisa de la vesícula biliar y se las recomienda como tratamiento de los cálculos renales. Su aceite esencial es antibacteriano y antifúngico. En su composición destacan los carbohidratos y en segundo lugar las proteínas.

El color de las raíces puede ser blanco, rosado, rojo, violeta o negro, según la variedad. En nuestra Isla se cultivan dos tipos: blanco y rojo, este último clasifica como el vegetal que más rápido nace, crece y produce en la horticultura cubana: 28 días. Promete buenas cosechas en cualquier terreno fértil y algo húmedo, o en su defecto, dándole los riegos necesarios. Le favorecen los abonos orgánicos y prefiere un PH de seis a ocho, o sea, neutro o casi neutro.

A los cuatro o cinco días de echado el abono en los canteros se deja caer la semilla a chorrillo, en los surquitos trazados de forma previa, cuidando de que no caigan juntas, deben taparse después con poca tierra. Luego se comprimen con una tabla y se les da un riego con regadera o manguera. Al germinar, si nacen muy apiñadas, se arrancan las que sobren dejando las restantes a una distancia de ocho a diez centímetros entre sí. El terreno necesita mantenerse libre de malas hierbas y bien removido.

A partir de los 28 días comienza la recolección, se realiza arrancando las plantitas con sus raíces, las cuales se lavan y agrupan después en manojos para su envase y traslado.

A lo largo del Orinoco, frente a cada aldea aborigen hay un bosquecillo de rábano de río, dentro del agua. Crece apenas un metro y parece un tallo de bambú. Infalible contra veneno para las  picaduras de serpiente o alacrán. Pero si dos hombres se acometen y cada uno empuña un rábano de estos, el combate es a muerte. Un golpe leve y el contrario a los pocos días revienta por dentro. ¿Curioso, verdad?

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