Que no se denigre la candidez de la infancia

Con frecuencia circulan en las redes sociales videos caseros y fotos de niñas bailando como si fueran bailarinas de un video clip de reguetón. Al ver las imágenes, unos parecen que van a morir de la risa por lo gracioso que les resulta, mientras otros se ponen las manos en la cabeza sorprendidos, y no falta quien las elogia porque “a la verdad están escapa’, dan tremenda cintura”.Lo cierto es que los infantes cubanos no están fuera de lo que parece ser una furia o moda que anda por mal camino. Luego de mostrar las pequeñas a cuanto transeúnte pase por su lado, o a los invitados a un cumpleaños sus mil y un movimientos pélvicos y ninguno repetido, los padres no quieren que jóvenes y hombres sean irrespetuosos.

O lo que es igual, les propinen los “halagos” más indecibles que se puedan escuchar, desconociendo o haciendo caso omiso de que los mensajes que emiten desde el baile las convierten en objeto de deseo y va en detrimento de su normal desarrollo psicológico.

Mas, no se refiere solo esta reportera a la coreografía de Beyoncé aprendida o al reguetón que está en la popularidad, sino a que el meneo lascivo y provocativo, casi una invitación al sexo, también se ha extrapolado a géneros de la música cubana.

Abundan las propuestas danzarias con toques de vulgaridad en eventos como las Fiestas Pineras, veranos y otras actividades donde se presentan números culturales y lo más triste es que quienes las conciben son quienes le incorporan la dosis de sensualismo a las rutinas.

Pero… no muchos se alarman, porque se ha hecho cotidiano que niñas y adolescentes se muevan cual protagonista de escenario de centro nocturno barato de una película americana. Es más, si el baile en cuestión no tiene ni aunque sea una pizca de aquello, pues vaya, como que entonces no convida a verlo y las bailadoras son tildadas de “pasmá”, es decir pasmadas.

Cuando uno ve las propuestas en cuestión, se pregunta ¿y esto no lo ha visto nadie antes? ¿Quién le da el visto bueno? Pero, ¿cómo es posible que la familia permita que su hija queme etapas así?

Entonces cuando se suma movimiento de caderas arrebatador, más faldas u otros atuendos a punta de nalga y labios pintados de rojos encendidos, el resultado es una triste y bien sensual caricatura de Betty Boop.

Por suerte no es mal generalizado porque esta reportera aún no ha visto nada similar en las coreografías preparadas para sus estudiantes por las profesoras de danza de la escuela vocacional de arte Leonardo Luberta Noy, muestra de que para bailar un buen casino o cualquier otro género, no hace falta que sea desde la vulgaridad o lo sexy.

No se ve en cabaret que se respete, show o en Tropicana que en un número musical con tremenda sandunga las protagonistas hagan una exposición exagerada de su cuerpo.

Es cierto que muchos de los materiales que se muestran en los medios de comunicación, las redes sociales y el mercado de consumo tienen una incidencia directa en que nuestros hijos quieran ser adultos antes de tiempo y quemen etapas, pero también que no se tenga control de lo que se concibe para ser mostrado al público y que dicho sea de paso, va también en detrimento de la cultura cubana y los valores.

Estamos a tiempo de corregir lo que se nos ha ido de las manos. Por el bien de las futuras generaciones y del arte se impone buscar desde la creatividad y la calidad, revertir la situación con propuestas que desde la estética contribuyan el buen gusto y no denigren la candidez de la infancia.

Opinion
Yojamna Sánchez
Yojamna Sánchez

Licenciada en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo

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