Que el corazón mande

Foto: Karelia Álvarez Rosell

De que le hago un monumento a mi vecina Ludy, se lo hago. Desde mi aislamiento por ser sospechosa del virus la sentí escalera arriba, escalera abajo; su voz resulta inconfundible: “no ha venido otra cosa, tan solo les traje el pan”; yo creo que de esta pierde las piernas.

Ella se ha convertido en la mensajera de los abuelitos de mi escalera, donde en casi todos los apartamentos viven personas de la tercera edad o vulnerables por sus padecimientos. En mi caso no fue precisamente por añosa, tan solo le pedí colaboración por la actual condición y ni titubeó.

Sé que en algunas barriadas se han activado las organizaciones de masa y factores comunitarios para que la solidaridad entre vecinos fluya como ese valor que siempre distingue a los cubanos, pero no en todas las demarcaciones se manifiesta de igual manera.

Y en este escenario, en el nuestro, donde ya hay varias zonas en cuarentena y el acceso a la ciudad de Nueva Gerona se limita como una de las medidas para evitar la propagación del coronavirus hace falta que resurja en toda su dimensión, muy vinculado con la generosidad, la cooperación y la ayuda desinteresada porque en las actuales circunstancias debe prevalecer lo colectivo y no el interés personal.

El tema lo traigo a colación por resaltar los ejemplos como el de mi vecina Ludy y llamar la atención en aquellas vecindades donde la mano solidaria se hace esperar por adultos mayores solos o personas, cuyas limitaciones les imposibilita salir de su vivienda.

Tales preocupaciones las recibimos en nuestro sitio digital: “yo tengo a mis dos abuelos mayores de 60 años que viven solos en casa y a ellos aún no le han brindado la ayuda de llevarle las cosas al hogar”; mientras otra también nos plantea su preocupación porque ella no puede ayudar a su mamá por encontrarse en cuarentena.

La familia, sin duda alguna, desempeña un papel preponderante hoy, debe lucirse como nunca antes al no permitir que salgan a la calle los más frágiles de casa, pero el barrio no se queda atrás; ahí está la FMC y los CDR; además de quienes integran los puestos de mando creados en cada demarcación, de donde deben salir  valiosas iniciativas, respuestas y soluciones para así viabilizar problemas y achicar las angustias en esta situación atípica.

De lo que se trata en estos tiempos de pandemia es de permanecer el mayor tiempo posible en casa, solo salir a lo imprescindible; de ser mejores seres humanos, ocuparnos del abuelito de al frente o los vecinos en aislamiento, de aquella madre que vive sola y su hija no puede llegar a colaborarle por las medidas vigentes para aniquilar y descoronar al virus.

Está más que comprobado, los seres humanos podemos alcanzar una grandeza inusitada en el desabrido terreno de la adversidad. Pues seamos grandes, seamos solidarios, no por imposición sino porque el corazón manda.

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Karelia Álvarez Rosell
Karelia Álvarez Rosell

Licenciada en Defectología en la Universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo con más de 30 años en la profesión.

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