Puerto Rico: De que pasó, pasó

El ambiente es de júbilo, pero también sobresalen nuevas consignas: «Wanda, no te vistas que no vas. Llévate a la Junta y a Thomas Rivera Schatz». Foto: Gerardo E. Alvarado León

Puerto Rico. Se busca un gobernador decente. Dice una amiga en Facebook, por donde mismo ha renunciado obligado por el pueblo, el ex gobernador Ricky Roselló. Al filo de las doce de la noche, seis horas después de la “muerte” gubernamental anunciada, y dos semanas de intensas protestas públicas, el hombre habló. De logros y de honor al servirles. Ha sido un honor… robarles, usarlos, maltratarlos. Y aún le resta una semana de gracia.

Confieso que no sentí alegría, el conteo de larga espera y la ignominia, me dejaron en una plena angustia, mientras, en las calles el pueblo saltaba de euforia. Coincidiendo con mi visita, los últimos días han sido una extraña pesadilla en la colonia más antigua del universo. Más de cien años de afrenta, no han logrado aplacar la pasión. Mártires y pensadores brillantes, refiere la historia de esta pequeña ínsula. Plan de contención económica, control, represión, vía de tráfico de drogas, ensayo de armamentos letales y lavado de dinero, para todo ha servido Puerto Rico.

Sin embargo, en primera plana estaban hoy los más jóvenes. ¿Los hastiados, los desenfadados, los irreverentes, los enajenados? ¿Cuándo germinó esta semilla, ante los ojos de sus padres? Liderados por artistas conscientes, apoyados por el activismo ciudadano, creativo, sin división de partidos. Algo inédito y esperanzador.

Para mayor eufemismo histórico, hoy se “celebra” del día de la Constitución, aprobada en 1952.

Para 1947, el Gobierno de Estados Unidos -el cual invadió la isla en 1898 y tomó posesión- decidió que Puerto Rico podría tener su Gobernador criollo, con su “propia” Constitución del Estado Libre Asociado, “que garantizaba las libertades y los derechos que gozarían los ciudadanos”. Esos, los mismos derechos por los que hoy -aún- se lucha.

Pero éstos son otros tiempos, reconozco bien. Han sacado del cargo al Gobernador, primer hecho de esta magnitud en la historia de saqueo a la nación boricua. Y es el comienzo de una inteligente y pertinaz trama, liderada por jóvenes, quienes “reinician” la lucha que por otros medios libraron sus padres, la tribu herida.

Si les narro cómo han masacrado a las personas de este país, de tantas maneras, sería materia de un libro, con más de un tomo. Incluyendo la memoria de Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado, los mártires del Cerro Maravilla. Un asesinato planificado a sangre fría de dos jóvenes independentistas, el 25 de Julio de 1978, con una historia de encubrimiento para sus perpetradores. Ellos, tan lozanos como éstos que hoy sacaron al Gobernador. Los mismos que van por los otros ladrones a cargo, los que vigilan el irrepetible esquema y moldean su lucha libertaria al modo en que saben, hijos de su tiempo y de la alegría que les pertenece. Hoy celebro con todos.

Cuentan quienes estuvieron allí, que -justo ayer- como cada día a las seis de la tarde, en La Fortaleza -casa de “desgobierno”- se bajaron las banderas de Puerto Rico y Estados Unidos. Primero la nacional. Se hizo un silencio sepulcral frente a ambas astas, donde había miles de puertorriqueños que la empuñaban en alto. Interminables segundos después, como demorada, la de los Estados Unidos de América, ausente en las marchas de pueblo. La euforia reinó. Podría ser el contexto, pero de que pasó, pasó.

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