Pueblo Nuevo rompe el cerco

Son casi las nueve de la mañana y los moradores apenas despiertan; mientras, en el puesto de mando del Consejo Popular Pueblo Nuevo un equipo integrado por trabajadores y estudiantes prepara para iniciar el ajetreo del día.

La doctora Yurisel alista en el puesto de mando los accesorios de protección para los mensajeros. Foto: Yesmanis Vega Ávalo

Allí esperan a Yurisel Stewart Cano, quien, como de costumbre, salió bien temprano de casa para ir al policlínico dos, Leonilda Tamayo Matos, donde recoge el atuendo de los mensajeros para la jornada.

Viene por la acera, solo un bulto en sus brazos la acompaña; quien nos presenta es Carlos Manuel Escandel Hernández, vicepresidente de la zona de defensa 400101 del área. Ella, tímida, se dispone a contarnos acerca de su labor.

“Soy especialista de primer grado en Medicina General Integral; mi función aquí es velar por el cumplimiento de la pesquisa, ayudar si algún paciente necesita atención médica y darles los medicamentos y seguimiento a los casos positivos dados de alta.

“Ahora realizo el despacho con los mensajeros y el personal de la pesquisa, a quienes les recojo la ropa alrededor de las cuatro o cinco de la tarde, aunque en algún momento hemos terminado de noche, pero siempre a la hora que llegue de vuelta al policlínico hay personal a la espera para recibir el vestuario usado.

“La experiencia –relata Yurisel– ha sido buena, nadie conoce la enfermedad, aprendemos en el camino con ella. Por su parte, los vecinos apoyan mucho, aunque siempre hay alguno majadero”.

LEJANOS MENSAJEROS

Nos alejamos un poco para no interrumpir. La primera en tomar lo suyo es Aray Frómeta Contreras, cuadro del sindicato municipal de la Educación, la Ciencia y el Deporte (SNTECD); de inmediato se “disfraza”, coloca el pan dentro de una caja y esta, a su vez, en una carretilla que facilita el viaje. De camino, conversamos.

“Corrimos ante el primer llamado –relata Aray y recalca que hace más de 50 días–; en los inicios solo pesquisamos, pero cuando se cerró el anillo nos asignaron una “manzana” a cada uno, esta de calle 20 entre 51 y 53 es la tercera que atiendo. Aquí hacemos los mandados de las personas aisladas, les traemos medicamentos u otro encargo de los vecinos.

“Cuando termino dentro del anillo me desinfecto de pies a cabeza y al llegar a casa tengo un pomo con cloro y me baño antes de incorporarme a los quehaceres del hogar”.

Así han sido los días de esta joven mujer por casi dos meses, quien además, debe velar por su madre Balbina, de 76 años, atendida por una mensajera en Sierra Caballos mientras ella cumple con el deber de ayudar a otros más necesitados.

Pero atrás no queda María Carla, su hija de 18 años, estudiante de primer año de Ingeniería Industrial en el Centro Universitario José Antonio Echeverría (Cujae) de La Habana y quien a veces la acompaña –cumpliendo con las medidas de protección– para hacer también algo útil, “ese es su granito de arena”, afirma Aray.

Mas, no es la única que de tan lejos llega para cumplir tan responsable misión en esa llamada “zona roja”, por el riesgo que implica, sino también Diosel Espino Castillo, chofer de Etecsa.

“Estoy movilizado en esta área desde la detección del primer caso positivo. Me encontraba en otras funciones y fui reubicado aquí para apoyar con el transporte en la búsqueda de víveres, medicinas…, cuanto hiciera falta”, comenta quien es padre de Gabriel, un pequeño de siete años y su mayor razón para cuidarse del peligro que representa el nuevo coronavirus.

“Los primeros días fueron los más fuertes –expresa–, nos incorporábamos sobre las 6:00 o 6:30 de la mañana, salía temprano a buscar los productos y llegaba a casa pasadas las 7:00 p.m.”.

Como estas experiencias, cada quien allí tiene una historia para contar que no cabrían en un libro; es la realidad de cientos de personas que a pesar del peligro arriesgaron su vida de forma voluntaria para salvaguardar la de los demás.

EL MEJOR EQUIPO

Con seguridad en los diversos puestos de mando activados en los consejos populares del Municipio, los movilizados han establecido un nexo sin igual que ha permitido llevar a cabo la tarea de cubrir lo mejor posible las necesidades de los inquilinos aislados.

Carlos Manuel tomó unos minutos para contar cómo le ha ido a ellos en el suyo: “Comenzamos la movilización a partir del seis de abril y por desgracia tenemos que lamentar el único fallecido del territorio. A partir de ahí se implementaron las medidas pertinentes con el apoyo de cuadros del movimiento sindical, los Comité de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, los estudiantes de la Federación Estudiantil Universitaria, entre otros.

“El cumplimiento de las tareas –comenta Carlos– ha sido eficiente y la mayoría de los vecinos están satisfechos. Depositaron su confianza en labores como ir a las oficinas de correo o al banco a cobrarles dinero, o hacer alguna extracción en cajeros automáticos, las cuales aún continuamos con los adultos mayores y las madres solas de la zona.

“Aquí nos han caracterizado la solidaridad, el deseo de que la gente se sienta bien y lo más satisfecha posible de las atenciones dentro de nuestras posibilidades. En ese sentido han llegado hasta aquí de la corporación Cimex, la farmacia, la empresa Pescaisla y otras entidades para cubrir algunas demandas, así como donativos de cooperativistas.

“Además de la doctora Yurisel ha sido vital el apoyo del personal del consultorio médico, y de jóvenes como Lieselys González Mora, estudiante de 2do. año de Ingeniería Civil en la Cujae.

Del trabajo en equipo y sus resultados comenta Carlos Manuel, vicepresidente de la zona de defensa. Foto: Yesmanis Vega Ávalo

“Esperamos haber estado a la altura de estas complejas circunstancias –resume Carlos Manuel–, nos hemos esforzado para ello y logramos un equipo unido en el cumplimiento de nuestra misión”.

Aplausos y mensajes positivos llegan cada noche al personal de la Salud y a quienes como este colectivo mantuvieron viva la llama de la esperanza en aquellos que bajo ninguna circunstancia podían salir de casa.

Ya están “libres”, entre ellos Viara Digna, la señora que primero saludan en la cuadra cuando llegan las entregas, pero no dejan de agradecer a quienes tanto hicieron por ellos ni olvidan la importancia de mantener el distanciamiento y cumplir con las medidas sanitarias para evitar contagiarse.

En Italia promueven confiados el “andrá tutto bene” (estará todo bien); nosotros, desde esta ínsula, pensemos en ese arcoíris que sale tras cada tormenta, al final todo pasa, y también quedan atrás estas jornadas de asedio del peligroso virus rondando las mismas cuadras, donde fue vencido gracias a la responsabilidad ciudadana de la que siempre dependerá la suerte colectiva.

Los más disímiles productos llegan con amabilidad hasta los vecinos. Foto: Yesmanis Vega Ávalo
Diosel, trabajador de Etecsa, fue uno de los que prestó servicios en la cuarentena. Foto: Yesmanis Vega Ávalo
Por encima de la cinta “aislante” van y vienen hasta los desechos de los hogares, pero ninguna persona la cruza. Foto: Yesmanis Vega Ávalo

 

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Casandra Almira Maqueira
Casandra Almira Maqueira

Licenciada en Estudios Socioculturales en la Universidad Jesús Montané Oropesa, Isla de la Juventud

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