Potenciales bajo el agua

Mil tres toneladas de claria, tres más de las previstas, fueron capturadas este 2019 en la UEB Acuisla
Foto: Gerardo Mayet Cruz

Hay en esta isla del archipiélago Los Canarreos grandes deseos de hacer más. A pesar del recrudecimiento del bloqueo económico, financiero y comercial del gobierno de Estados Unidos hacia Cuba, la empresa pesquera industrial, Pescaisla, apuesta por la eficiencia y productividad, conectándose ahora a la nueva Ley de Pesca.

Y es que si bien la economía del país pudo tocar fondo el pasado año, en el balance de lo realizado en la importante industria durante el 2019 sus trabajadores mostraron total interés en cumplir los planes de este 2020.

Así lo pude apreciar en la profunda intervención de Orlando Rivera Romero, de la unidad empresarial de base Acuisla, quien manifestó las potencialidades de los recursos naturales y humanos disponibles para alcanzar las metas que se propongan.

Sin embargo, más allá de la disposición de estos obreros, vale reflexionar sobre los verdaderos escollos que impiden avanzar a pesar de las extensas e intensas jornadas en las mesas de trabajo, el mar, presas o estanques.

“No podemos escudarnos en la situación coyuntural del combustible en el país; aunque no eran iguales, en el 2014 impusimos un récord de pesca de clarea y tampoco contábamos con todas las condiciones”, fue una de las ideas de Rivera Romero.

¿Por qué entonces desde esa fecha las cifras se mantienen al margen de los planes? ¿Será falta de gestión de los actores decisores no contar en ocasiones con recursos indispensables?…

Pensé en muchas interrogantes hasta que otro de los medios locales del territorio pinero anunció Significativos aportes de pescadores a la alimentación del pueblo, noticia que resalta cómo los primeros meses de este año finalizaron por encima de lo previsto.

Ya al cierre del mes de febrero el volumen superaba las 260 toneladas de distintas especies, con destaque en el área de Escama, la cual duplicó sus resultados; mientras el pepino de mar
–con afectaciones en etapas anteriores– reveló un crecimiento al alcanzar las cuatro toneladas, y en la Acuicultura se aportaron 89, de ellas 71 de claria.

Cierto es que la poca manifestación de algunas especies y roturas en las embarcaciones han sido el talón de Aquiles de la industria pesquera local, pero se trata de agotar todas las posibilidades para producir más y mejor, promover las iniciativas y hasta darle un empuje al movimiento de los innovadores y racionalizadores que comanda el movimiento sindical.

También los encadenamientos productivos juegan un papel primordial, el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030 alerta que para ser un país económicamente independiente, soberano, próspero y sostenible, se requiere priorizarlos –entre otros sectores y según las características de cada territorio– en la industria alimentaria y la producción de alimentos.

Resta fortalecer relaciones, contribuir y ganar terreno entre los renglones “duros” de la economía cubana, reto del cual Pescaisla no debe alejarse, en especial, cuando habitamos una isla tan llena de potenciales ocultos bajo la tranquilidad aparente de sus aguas.

Isla de la Juventud Opinion
Casandra Almira Maqueira
Casandra Almira Maqueira

Licenciada en Estudios Socioculturales en la Universidad Jesús Montané Oropesa, Isla de la Juventud

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