ATARDECER DE JUVENTUD

Por Cuba me hice maestro

Foto: Melissa Mavis Villar De Bardet (*)

“En realidad quería estudiar Medicina; me gustaba mucho la pediatría o cirugía, pero yo era un joven muy comprometido con la Revolución, por eso decidí hacerme maestro para ayudar a mi país”, afirma Juan Bencosme Arias, licenciado en Química y Doctor en Ciencias de la Educación.

Este hombre, más conocido por su primer apellido, nació en Minas de Charco Redondo, Jiguaní, Granma y proviene de una familia ligada al sector educacional. “Mis padres fueron alfabetizados y de mis 13 hermanos, cinco somos maestros”.

Llega a la Isla de la Juventud en el año 1970 y dos años después, escoge una profesión, la cual honra hasta la actualidad.
“En 1972, cuando cursaba el décimo grado e ingreso a la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), el Comandante en Jefe Fidel hizo un llamado para la formación de maestros, a los jóvenes de preuniversitario y decidí formar parte del tercer contingente del destacamento pedagógico Manuel Ascunce Domenech.

“Empecé en 1974 en la Universidad Pedagógica Carlos Manuel de Céspedes, en La Demajagua, donde fui dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria y la UJC, hasta graduarme cinco años después”.

Ha cumplido tres misiones internacionalistas en Angola, como profesor y asesor. En este mismo país dirigió el contingente educacional cubano, desde 1982 hasta 1984, cuando se formó el contingente pedagógico internacionalista Ernesto Che Guevara.

Lleva 41 años en Educación; cinco en Secundaria Básica y preuniversitario y el resto en el nivel superior, donde ha ocupado 20 cargos de dirección. Forma parte, además, del Comité de Formación Profesional de pregrado y posgrado, de las universidades del país, como parte del Ministerio de Educación Superior, igualmente labora en la Universidad Pedagógica Carlos Manuel de Céspedes y en la Facultad de Ciencias Pedagógicas de la Universidad Jesús Montané Oropesa.

Por su destacada trayectoria en el Sector Educacional, ha recibido varios reconocimientos y condecoraciones: “Fui varias veces educador ejemplar, vanguardia nacional, obtuve el premio del Ministro, medallas de trabajador y combatiente internacionalista en Angola, distinción Por la Educación Cubana y otras propuestas para los años venideros”.

Este hombre confiesa no arrepentirse de la profesión escogida, sin embargo ha tratado de vincularla con lo que siempre quiso ejercer. “De cierta forma el magisterio se relaciona con la medicina, doy Bioquímica, una asignatura relacionada con la Genética, la Biología y la Química. Dentro de esta, uno de los tópicos más tratados por mí, es el de las plantas medicinales y su utilidad, tema de gran importancia dentro del sector de la salud; esta es mi forma de llevar dos profesiones al mismo tiempo”.

Bencosme siempre va a estar ligado a la educación y la salud. Para satisfacción propia, su esposa Damaris Castillo es Máster en Química como él, sus hijas mayores Dailé y Danisi, pertenecen al  primer sector y Dayani, la menor de las tres, cursa exitosamente el cuarto año de la carrera de Medicina.

En busca de superarse y alcanzar la máxima categoría científica, se dirigió a Santiago de Cuba: “En el 2010 me hice Doctor en Ciencias de la Educación, en este lugar y desde entonces trabajo en tres proyectos, apoyados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, sobre la formación continua de los estudiantes en el territorio; así cada profesional puede recibir la preparación metodológica desde aquí y no tienen la necesidad de dirigirse a provincias para recibir estos conocimientos y crecerse como profesional”, afirma quien exhibe con orgullo sus 62 años.

“Cualquier sacrificio es poco para quien disfruta de su labor”, confiesa y ofrece detalles sobre su trabajo a distancia, durante el aislamiento social: “Por mi edad me consideraron de riesgo y seguí trabajando desde casa, me comunicaba con mis estudiantes por teléfono, correo u otra vía factible para recibir los contenidos.

“Con ganas de enseñar y deseos de aprender basta, porque la Revolución nos trajo hasta aquí y nos enseñó que un maestro cubano no se rinde, al contrario, busca la forma de preparar a sus estudiantes bajo cualquier circunstancia, como lo demostramos en la campaña de alfabetización”.

(*) Estudiante de Periodismo

Isla de la Juventud

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