Pinares vive en los niños

Pinares-2Un pequeño seminternado de primaria, en Nueva Gerona, recuerda a los niños que Antonio Sánchez Díaz fue uno de los héroes cubanos que abandonó las comodidades de su tierra y su familia, para ir a cumplir el honroso deber  internacionalista junto a la guerrilla del Che en Bolivia.

 

antonio-sanchez-diazUn pequeño seminternado de primaria, en Nueva Gerona, recuerda a los niños que Antonio Sánchez Díaz fue uno de los héroes cubanos que abandonó las comodidades de su tierra y su familia, para ir a cumplir el honroso deber  internacionalista junto a la guerrilla del Che en Bolivia.

Cuando era pequeño, en la escuela se distinguía por sus facilidades en comprender las materias que le enseñaban y por la mente despierta que lo caracterizaría el resto de su vida. Esas y otras habilidades se afianzan junto a sólidos valores en los alumnos de los centros que en Cuba llevan su nombre o rinden homenaje cotidiano a héroes como él.

Con sus maestros, canciones escolares y avances en las distintas disciplinas, este plantel recuerda no solo cada siete de diciembre el natalicio de Pinares en 1927, sino también cada dos de junio su caída en Ñancahuazú, en 1967, fecha de la que se cumplen ahora 45 años.

Inmensa fue su odisea de atravesar la Isla de Cuba, desde Pinar del Río hasta el Oriente, para unirse al Ejercito Rebelde.

La primera vez no logró hacer contacto con los alzados y regresó a Pinar, la segunda vez sí, a pesar de que fueron muchas las dificultades. “Llegué a la Sierra Maestra –rememoraría luego– por donde más grandes me parecieron las montañas. No fui enviado a la Sierra por el Movimiento 26 de Julio, me fui por la libre. Ni uno solo de los hombres que se encontraban en la comandancia rebelde me conocía. Sólo presenté como credenciales, la firmeza de los que estábamos dispuestos a entregar sus vidas por la causa de su pueblo”.

Pinares-2Se destacó en las acciones bélicas de “los barbudos” y alcanzó los grados de capitán. Luego marchó con Camilo Cienfuegos y el resto de su tropa hasta Las Villas, destrozando malezas y llevando el sol de la libertad.

Combatiente rebelde, con su fusil al hombro, mantuvo siempre dos rasgos que definieron su personalidad revolucionaria: su carácter jovial y alegre; y su valor.

Y, cuando el señor de La Vanguardia, en enero del 59, entregó los grados de Comandante a aquel campesino pinareño, por sus méritos en los combates, dicen que las lágrimas asomaron a sus ojos…

En los ocho años que sirvió a la Revolución en Cuba, Pinares cumplió misiones y ocupó diferentes cargos en las Fuerzas Armadas Revolucionarias en distintos lugares del país: la entonces Isla de Pinos, Camagüey, Oriente, Pinar del Río, lo conocieron en su constante batallar. Además, realizó estudios en diversos cursos de Escuelas Militares que elevaron sus conocimientos como oficial.

El momento más alegre de su vida, refieren sus familiares, fue cuando lo eligieron miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. “Estaba alborozado, no podía estarse quieto. Eso fue algo grande….”

A su llegada a Bolivia, el día 20 de noviembre de 1966, Pinares tuvo un nuevo nombre, se convirtió en el intrépido Marcos. Allí demostró sus excelentes condiciones y su experiencia de guerrillero de la Humanidad.

Hoy vive en los niños que estudian en la escuela pinera que lleva su nombre y los de otros centros que honran a héroes como él. Con su accionar esos pequeños serán los Marcos o los Pinares del futuro y llevarán la fuerza de la Revolución como médicos, ingenieros, técnicos, deportistas a otros lugares del mundo que necesiten de la ayuda solidaria de los cubanos.

 

 

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