Peligroso coqueteo

ILUSTRACIÓN: Osmany Castro Benítez

Hace meses pulsan entre sí en busca de la supremacía dos contendientes: responsabilidad individual versus covid-19. La segunda siempre saca ventaja debido a los autogoles de la primera y errores que propician puntos extras al contrario poniendo, como en todo juego, la pugna en peligro.

Iniciar este comentario al estilo deportivo me resulta la manera más dinámica de ilustrar cuanto sucede hoy con el rebrote de la pandemia. Igual pudiera hacerse a modo de novela en cualquiera de sus géneros, el hecho es que, no importa el modo, en las versiones actuales vamos llevando las de perder si no revertimos la  situación.

Pueden parecer manidos, repetitivos o exagerados para algunos los constantes llamados a elevar la percepción del riesgo, a mantener el lavado de las manos, las medidas higiénico sanitarias, el uso correcto del nasobuco, el distanciamiento social, entre otros. Sin embargo, una parte de la población no acaba de interiorizar la relevancia de acatar cada disposición, pues no por sencillas dejan de ser efectivas.

Cierto, contamos con agentes del orden multiplicados con otras fuerzas de la comunidad que apoyan en el enfrentamiento a indisciplinas, violaciones de los protocolos sanitarios y en el control de las colas –aspecto donde debería existir mayor rigor; el molote en los distintos establecimientos cuando se va a vender algo semeja una colmena en pleno apogeo–. Sin demeritar el quehacer de dicha avanzada, pienso que podría hacerse notar más respecto al hecho de exigir el cumplimiento del debido distanciamiento.

Pero oiga, si se lleva el nasobuco como si fuese un collarín o una gargantilla, no hay multa ni acción que le impida a Don Corona ser el dueño de la pista y campear a sus anchas. Dichas conductas resultan tan nocivas y perjudiciales como él.

Andar como si nada sucediera es una conducta de la cual no podemos hacer gala, menos en medio del asedio de un asesino silencioso que a diario cobra miles de vidas en el mundo y de la tensión económica del país por el arreciado bloqueo estadounidense.

Todos tenemos las mismas raíces, somos ramas del mismo árbol, por tal razón no debemos sentirnos como entes aislados o inmunes. Revertir la situación es posible, aunque para ello resulta imprescindible rescatar esa responsabilidad individual que coquetea peligrosamente con la suerte colectiva.

La convocatoria sigue siendo a cerrar filas en el actuar sensato. El enemigo requiere de disciplina, de un trabajo sostenido, fuerte, mancomunado…para mantenerlo a raya y hasta, quizá, propinarle un fuera de combate. Comencemos por no subestimarlo, su alcance, probado está, es devastador y se torna más delicado cuando la confianza anda sin mascarilla.

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One Reply to “Peligroso coqueteo

  1. Me gustó mucho el artículo. La idea de los dos protagonistas en disputa es muy buena junto a la necesidad de la responsabilidad individual y social. Eso somos una sociedad que solo unida lograremos objetivos. Un abrazo desde COLASTINÉ norte Argentina.

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