Paz mental para hacer frente al virus

Desde hace un año el mundo ya no se mueve al mismo ritmo. La covid-19 ha obligado a inventarse nuevas maneras de estar presente en la vida de los seres queridos, de celebrar momentos importantes e incluso de trabajar.

En Cuba tal vez no se haya experimentado esta realidad a una gran escala porque la cuarentena de la primera oleada de la pandemia no nos tocó a todos por igual, y en esta segunda, en que la situación es aún más compleja, se ha buscado estratificar las medidas sin que con ello se detenga la vida económica y productiva del país.

Pero una cosa es innegable, con más o menos tiempo de cuarentena, minimizar el impacto del coronavirus en la salud mental de las personas representa todo un reto, especialmente en los grupos más vulnerables.

El miedo a enfermarse, las presiones económicas –en medio de un proceso atípico como lo es la Tarea Ordenamiento–, el distanciamiento social, la alteración en las rutinas diarias, el cuánto puede tardar esta situación y la indisciplina de quienes nos rodean  son algunas de las incertidumbres más comunes.

Y es que en el mundo actual la información no es un problema, al contrario, la sobrexposición a esta puede ser más dañina que beneficiosa, pues un estado de cautela puede volverse fácilmente una paranoia y traer consigo estrés, ansiedad, soledad y tristeza, padecimientos sicológicos con un peso importante en el estado de bienestar general de las personas y por ende en su sistema inmunológico, principalmente en niños y adultos mayores.

No hablo de dejar de ver las conferencias del doctor Durán o los partes diarios del telecentro, pero sí de concientizar que es posible desarrollar sintomatología sicológica relacionada con el estrés producido por la covid-19; y ello no tiene que ver con estar más o menos cuerdos.

Como bien dice el director municipal de Salud Pública, el doctor Israel Velázquez Batista, de la responsabilidad individual depende la suerte colectiva, lo cual significa que sí, que cada quien debe velar por el cumplimiento de las medidas higiénico sanitarias en su entorno, pero ello no es sinónimo de que seamos responsables por la indisciplina de otros.

Tampoco resulta sano estigmatizar a quienes hayan contraído la enfermedad o sus familiares, después de todo es preciso tener en cuenta que el coronavirus puede estar en cualquier parte sin dar señales de aviso, y nadie se enferma por “vivir la experiencia”.

Apelar a la disciplina, los valores, la paciencia y la empatía dentro y fuera del hogar son buenas armas para ayudarnos a enfrentar el contexto actual.

Cada generación asume de forma diferente las limitaciones que el virus impone y es comprensible. Respetar y dialogar, por la vía que sea, pueden marcar la diferencia entre una conducta positiva y una negativa.

No olvidemos que el coronavirus es una amenaza global que no distingue entre “buenas o malas personas”, jóvenes y viejos u optimistas y pesimistas, pero… el cómo aceptar que hay que convivir con la enfermedad hasta la aparición de una vacuna puede ser clave en el cuidado de nuestra salud.

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Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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