Parque Lacret

El más antiguo de Nueva Gerona fue la Plaza de Isabel II en tiempos de la colonia

¿Por qué Lacret…? Nadie supo decírmelo, ni siquiera aquellos oráculos de la tradición oral a quienes acudo siempre en tales dilemas. Recordaban sí que había allí un busto en bronce de Lacret –ahora perdido–, pero nada más.

Perfilar la dispersa biografía del general José Lacret Morlot, encontrar en ella los motivos del gesto reverente, no fue tarea de un día ni es en exclusivo un mérito particular. Muchos ayudaron en tal empeño.

José Lacret Morlot  nació en Hongolosongo, un cafetal en las montañas de El Cobre, Oriente, en 1843, y descendía de padres franceses. Era ya Teniente Coronel al terminar la guerra de los 10 años. Fue inclusive el hombre de confianza del Titán de Bronce que como su ayudante personal lo acompañara al exterior, después de Baraguá, en último intento para evitar la terminación de la Guerra Grande.

En la del 95, el Lugarteniente General nombró al Brigadier Lacret Morlot jefe de la División de Matanzas, donde se cubrió de gloria luchando sin recursos, ningún apoyo y escaso material de guerra.

Al final de la contienda, Lacret Morlot  trajo la expedición exitosa del vapor Florida, con gran cantidad de pertrechos y 300 hombres.

ENEMIGO ACÉRRIMO E INDOBLEGABLE

La intervención norteamericana encontró en Lacret Morlot a uno de los miembros de la Asamblea del Cerro que más enérgicamente se opuso al desarme del ejército mambí. Y a sus declaraciones públicas, realizadas junto a otros patriotas veteranos, se debió en buena parte la difusión y acogida que tuvo el gesto alerta de las fuerzas habaneras: se licenciaban, pero sin aceptar dinero ni entregar las armas.

José Lacret Morlot, como miembro de la Asamblea Constituyente, fue de los pocos que se atrevieron a votar en contra de la Enmienda Platt. Cuando el gobierno interventor exigió que el texto se aprobara sin modificación, nuevamente votó en contra. Y lo hizo cuando figuras de gran renombre claudicaban para evitar que los norteamericanos disolvieran la Asamblea y se quedaran en Cuba indefinidamente.

Con su doble voto en contra de la Enmienda Platt, gesto suicida desde el punto de vista político al decir de algunos, Lacret Morlot se convirtió para los interventores y sus aliados en un enemigo acérrimo.

A su muerte el 24 de diciembre de 1904, como era de esperarse en una República mediatizada, no era miembro del Congreso ni desempeñaba cargos públicos de importancia en el gobierno.

SÍMBOLO DE RECHAZO A LA TUTELA YANQUI

¿Quién entonces decidió, de 1904 a 1906, bautizar el parque de Nueva Gerona con el nombre del patricio recién fallecido, el de conducta intachable durante más de 30 años y posición irreductible frente al amago de los colonos intervencionistas?

¿Quién pudo atreverse a convocar a los pineros y a su Ayuntamiento para darle un nombre a este parque que lo convertía de hecho en el más claro y rotundo símbolo de rechazo a la tutela yanqui?, el más antiguo de Nueva Gerona y la Plaza de Isabel II en la colonia.

¿Quién admiraba más en Lacret Morlot su invariable decisión de enfrentar cualquier peligro para lograr una independencia verdadera, sin el menoscabo de ninguna Enmienda? Y ¿quién como Lacret tuvo a Maceo por jefe directo e idolatrado y mereció toda su confianza?

A estas interrogantes que hasta ahora no responde ninguno de los escasos documentos, responde –en mi opinión– una sola trayectoria y un nombre: el de quien tuvo aquí el mando desde 1900 hasta 1906, como primer alcalde, el Coronel Juan Manuel Sánchez Amat, jefe de la escolta de Maceo en el momento de su caída en combate.

ALSUR

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