Paraguay: La democracia perdida

pedro-opinionPor Pedro Blanco Oliva

La timidez exhibida por la Organización de Estados Americanos (OEA) ante la fractura democrática en Paraguay contrasta con la postura de los gobiernos genuinamente defensores de los pueblos que denunciaron de inmediato la componenda golpista de la rancia aristocracia paraguaya, al amparo de la embajada norteamericana en Asunción.

pedro-opinionPor Pedro Blanco Oliva

La timidez exhibida por la Organización de Estados Americanos (OEA) ante la fractura democrática en Paraguay contrasta con la postura de los gobiernos genuinamente defensores de los pueblos que denunciaron de inmediato la componenda golpista de la rancia aristocracia paraguaya, al amparo de la embajada norteamericana en Asunción.

El hecho ocurrido en el país austral es una versión edulcorada de lo acontecido en Honduras con Zelaya y demostrativo de que las fuerzas imperiales en la región no cejarán en el empeño de descabezar a gobiernos interesados en el rescate de los recursos naturales propios para revertir definitivamente los beneficios en la mayoría siempre explotada.

A la postura asumida por UNASUR y el ALBA, totalmente crítica a la asonada parlamentaria contra el presidente Fernando Lugo, encabezado por Venezuela, Ecuador y Cuba, se unieron intelectuales y políticos de renombre mundial.

Al respecto tomo algunas notas del notable intelectual religioso Frei Betto que analiza de manera profunda los hechos, y cito:

“En juicio sumario, el 22 de junio, el Congreso destituyó a Lugo. Es el llamado “golpe constitucional” adoptado por EE.UU. en Honduras y ahora en el Paraguay. A la Casa Blanca le preocupa el progresivo número de países latinoamericanos gobernados por líderes identificados con los anhelos populares e incómodos para los intereses de la oligarquía”.

Y decía más adelante: “De todo esto les queda una importante lección a los gobiernos progresistas de Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, y a los vacilantes como El Salvador y Perú. Elección no es revolución. Cambian los dirigentes pero no la naturaleza del poder ni el carácter del Estado. Ni suprime las luchas de clase. Por tanto hay que asegurar la gobernabilidad en el torbellino de esa paradoja…”

Frei Betto concluía así su reflexión: “ La primavera democrática en que vive América Latina puede transformarse dentro de poco en un largo invierno, en caso de que los gobiernos progresistas y sus instituciones como UNASUR, MERCOSUR y ALBA no se convenzan de que fuera del pueblo movilizado y organizado no hay salvación”.

En este contexto de lucha por la verdadera emancipación proclamada por Simón Bolívar en el siglo XVIII, la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) a propuesta de Ecuador y Perú propusieron la expulsión de Paraguay.

No fue festinada la propuesta, argumentos sobran en lo relacionado con el despojo de Lugo del cargo por el cual fue elegido.

Cuba, Venezuela y Bolivia apoyaron la propuesta en clara defensa a los postulados más genuinos y en clara señal de que los pueblos no tolerarán más que la democracia se pierda.

 

 

 

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