Opinion

Para qué sirve la UPEC, según Moltó

Antonio Moltó. Foto: Ariel Fernández Santos/ Cubahora.

Nunca faltó el abrazo cuando nos vimos, ni su pregunta de rutina: ¿Cómo va Holguín? Y yo que ahí, que bien, como todo en esta vida, caminando. No era de mis profes o amigos más cercanos. Había demasiados kilómetros de por medio, creo yo. Años no, porque en medio de su vejez anunciada, tembloroso y espejuelado, Moltó siempre fue más joven que la mayoría de mi generación.

Lo entendí cuando lo escuché hablar decenas de veces ante los colegas del gremio, y lo confirmé meses atrás, durante el II Encuentro Nacional de Jóvenes Periodistas, cuando agarró el micrófono para aplacar cierta rebelión y explicarnos, con su luz enorme, para qué sirve la UPEC.

Y lo dijo. Con la lentitud de sus años torpes y la sabiduría de aquellos que saben conmover, nos abrió una puerta, o un destino, y yo copié desesperado, en la libretica que nos dieron, con una bombilla encendida en la esquina derecha de la hoja, su consejo alumbrador:

“La UPEC sirve para ponerle luz al país. Para hacernos fuertes, para unir, para evitar la dispersión. La UPEC sirve para premiar al que lo merece, y para llamar la atención contra la injusticia cuando no se premia al que lo ha ganado en buena lid. La UPEC sirve para decir sí donde otros dicen no se puede (…)

“La UPEC será lo que nosotros queramos que sea. Más nada. Y habrá que enfrentarse a los enemigos de la UPEC, que ven en el orden y el rigor un azote a su vagancia; porque hay mucha gente vaga que no quiere trabajar, y cobran lo mismo que aquel que con un reportaje, estremece a un país”.

Lo dijo así, con sentimiento; apartó el micrófono y nos miró, como quien mira a sus hijos, o a sus nietos, y en aquel grupete de gente joven, amante de las rebeliones más sublimes, llovieron los aplausos para el abuelo periodista.

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