Nuevos precios y remuneración a discapacitados

El taller de producciones varias Victorino Terrero, en La Fe, nuclea a 16 trabajadores discapacitados dedicados a labores artesanales y la venta directa de sus manufacturas, además de otros efectos, en lo fundamental domésticos.

Manufactura de sogas a partir de nailon reciclable. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

Constituyen una pequeña familia centrada en la eficiencia de su quehacer; sobresalen en el mercado local por la calidad y presentación de sus velas de cera, lejía, sogas, limas de uñas, sobres postales, entre otros. Comercializan, además, lo recibido del taller de confecciones Dimas Pozo -en Nueva Gerona-, perteneciente a su empresa Industrias Locales.

“El salario básico era de 255 pesos, cumplíamos Producción y Venta; se pagaban por resultados, salíamos bastante bien”,  asegura Inalvis Quintana Abreu, jefa de taller. A continuación, respondiendo a otra pregunta, agrega que con el reordenamiento salarial se les mantiene el sistema de vinculación: salario básico más utilidades, aunque el cobro puede ser mensual, trimestral, por semestres o una vez al año; no está definido. Todo depende del desempeño de la empresa en su conjunto.

“Ahora los trabajadores tienen un salario de 2 810 pesos, los custodios devengan 2 200, la jefa de brigada 3 110 y la de taller 3 260”.

Estos nuevos salarios implican un progreso indiscutible, pero ¿con la subida de precios en los productos que venden, también les va mejor?

“En realidad -reflexiona la jefa de taller- saber esperar es lo primero, ver cómo se desarrollan las cosas, que los clientes más o menos se acomoden y se acostumbren. La semana pasada nos llegaron los precios y… ¡mire!, desde entonces hicimos más de 7 000 pesos. Y seguimos vendiendo”.

Hay confianza en su voz, en sus apreciaciones, lo cual no me extraña. Los discapacitados nuestros, los de toda Cuba, invariablemente sintieron la mano de la Revolución puesta sobre ellos, cuidándolos. Saben que jamás dejará de ser así, por eso están seguros de que las nuevas medidas -aun en sus tanteos iniciales- buscan mejorarnos a todos, tengamos o no discapacidades.

Muestrario de productos con sus nuevos precios. Foto: Wiltse Javier Peña Hijuelos

Solo algunos de los precios nuevos preocupan. Manufacturas muy caras, elaboradas con materiales reciclados, tienden a ser de lento movimiento tras el mostrador. Y ellos, más que otros, necesitan vender para tener utilidades, ganancias a repartir después. Por eso, con este sector en específico, considero se debe tener especial cuidado. ¿Quién comprará un trozo de cordón de nailon, de dos metros, cortado a un viejo sillón, al que se le ha puesto el nombre de “suiza” (sin tener siquiera agarraderas), con un precio de 54,60 pesos?

Vale la pena, como diría Calviño, reconsiderar detalles como estos y reevaluarlos cuantas veces sea preciso. No va contra el reordenamiento hacer los reajustes necesarios. Y se hacen todos los días, sin aspavientos ni alharacas. Por eso este no debe verse como algo diferente ni especial; sino como uno de tantos, propio del momento.

Isla de la Juventud

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