Nuevas formas de ser y hacer

¿Cuándo volveremos a la normalidad? Es la pregunta que muchos pineros y cubanos se hacían, y por los favorables resultados frente al nuevo coronavirus la mayor parte del país hoy transita a la primera fase de la esperada recuperación. Pero, ¿volver a lo de antes?, no lo creo, más bien deberíamos preguntarnos cómo asumiremos el estilo de vida en sociedad, porque la COVID-19 impuso, sin dudas, nuevas maneras de ser y hacer en diversos ámbitos.

La Isla, que tanto preocupó con los 42 casos positivos, uno de ellos lamentablemente fallecido, pasó a ser de los primeros territorios en controlar su situación, con más de 45 días sin reportar pacientes infestados, y hoy se nota cierto alivio en la población, aunque las medidas higiénico sanitarias llegaron para quedarse como normas permanentes y de cuidado.

El uso del nasobuco es imprescindible, y para el personal de la Salud, Comercio y Gastronomía, Turismo, entre otros, los guantes y desinfectantes son obligatorios; la vigilancia constante a personas con infecciones respiratorias agudas continuará y, sobre todo, la responsabilidad individual y social tienen el mayor peso. El Sistema de Salud pinero demostró capacidad y profesionalidad, ahora es el deber ciudadano en juego.

Con el restablecimiento gradual de las distintas actividades socioeconómicas, debemos apropiarnos de nuevas posturas y maneras como el distanciamiento social, lavarse las manos constantemente, evitar los saludos cercanos, tan característicos de los cubanos, la disciplina en el cumplimiento de las orientaciones, evitar aglomeraciones y limpiar casas y oficinas con desinfectantes.

La educación, muy golpeada por la pandemia, denotó coordinar aún más las relaciones entre las familias y los centros escolares, y demostró que el hogar es la primera escuela del niño, al convertirse en aulas y el único lugar de recreo de infantes y adultos.

Los padres, abuelos, tíos y quienes conviven junto a los menores tienen un rol primordial en su desarrollo educacional y deben apoyar más la labor educativa de las instituciones.

En el territorio, aislado de forma natural del verde caimán, es fundamental la producción local, si bien antes de la COVID-19 se exigía y supervisaba, ahora constituye necesidad imperiosa; la Isla prosperará si es capaz de hacer por y para ella, sin esperar por cargas en patanas cuando muchos alimentos y recursos los podemos producir aquí.

Debemos encargarnos de nuestra alimentación porque no es posible la pobre oferta de viandas y hortalizas que hoy tenemos cuando en el Municipio existen varios organopónicos y cooperativas dedicadas a ello. Urge seguir revisando y transformando tal situación, hay tierra suficiente para los cultivos.

De igual modo con la producción de carnes, que para suerte de nosotros, en bodegas y tiendas abastecen con regularidad jamonada especial, masa de croqueta, pollo, picadillo, morcilla… -“productos salvadores”-, además de la venta de pescados y otros comestibles acuícolas, aunque la demanda siempre supera la oferta.

No obstante debemos activar las fabricaciones locales, invertir y hacer muchísimo más de lo que realizamos hoy.

Si de enseñanzas se trata, esta pandemia mundial nos significa a diario que la salud y la educación son imprescindibles para prosperar como sociedad; la alimentación no puede quedarse en el principal tema de conversación, sino en el centro del quehacer de quien pueda sumar sus brazos a la acción, lo mismo desde el patio de su casa que en terreno baldío que podamos sembrar…

La vida continúa y saldremos adelante si nos protegemos todos; aprovechemos mejor la tierra, dependamos menos de las importaciones, produzcamos más y asumamos las nuevas maneras de ser y hacer exigidas en este tiempo y como compulsa el movimiento Atrévete a ser más.

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