Nuestro hogar es la familia

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Aunque muchos consideramos parte indiscutible de la familia a los buenos amigos, vecinos de la infancia y hasta somos, incluso, capaces de mencionar un rosario de “primos y tíos” suficientes para poblar toda una ciudad, según la Real Academia de la Lengua Española, familia es el grupo de personas emparentadas entre sí.

Es a este cerrado conjunto en el que convergen distintas generaciones con intereses y características bien marcados a quienes se les celebra cada 15 de mayo su Día Internacional.

A pesar de lo convulso de los tiempos, continúa siendo universalmente la unidad básica de la sociedad y gestora de uno de los vínculos afectivos más poderosos.

Sobre su rol en la formación de hombres y mujeres mucho se ha hablado, no por gusto se considera la primera escuela y en este 2017 la Organización de las Naciones Unidas ha refrendado esta condición apuntando como tema de la festividad anual: “Familias, educación y bienestar”.

Para ello toma como punto de partida “la relevancia de este núcleo en la conformación de las políticas orientadas al fomento de la educación y el bienestar de sus miembros, en particular, la educación infantil y la formación continua para niños y jóvenes.

También, entre otros aspectos, destaca la importancia de aquellos integrantes que se dedican al cuidado de otros —sean padres, abuelos, hermanos– y se focaliza en las buenas prácticas dirigidas a conciliar la vida familiar y laboral, y a asistir a los progenitores en su papel de educadores y cuidadores.

Sin dudas, más allá de su constitución y las normas internas establecidas, es innegable el papel que juegan las familias en la transmisión de valores, costumbres e identidades culturales que influyen en la construcción de la individualidad de cada sujeto, así como en su soporte y apoyo durante el crecimiento.

En nuestra sociedad sobre todo, debido a las características innatas del cubano -solidario por naturaleza- y las limitaciones en las viviendas, la unidad de este círculo primario de vida es perceptible a cada paso, da igual si es para festejar o asumir un problema, donde rápidamente se cambia el yo por el nosotros de una masa inquebrantable.

Claro que tampoco todas son perfectas -y no basta con proveer alimento y casa, sino amor, atención y respeto-, pero recordemos que nada en la vida lo es, y en lugar de señalar sus defectos o debilidades, mejor enfocarnos en que amén de lo diverso de las experiencias, las historias que se forjan en el seno de estas nos acompañaran en nuestro andar. En ello radica su distinción.

Por eso este año celebremos sí, pero pensemos también en qué podemos hacer para mejorar las relaciones interpersonales en la nuestra, tengamos presente que a la familia llegamos por selección natural, por alguna divina suerte y la convertimos en nuestro hogar, así que todo cuanto podamos hacer por enriquecerla es poco.

Aprendamos a cuidarla porque al igual que las sonrisas, como dijera Chaplin, cuesta poco y produce mucho.

 

Isla de la Juventud
Yenisé Pérez Ramírez
Yenisé Pérez Ramírez

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana

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