No, no hay percepción del riesgo

Ilustración Martirena

Si miramos a nuestro alrededor el panorama no puede ser peor en cuanto a la despreocupación de algunas familias y personas: niños hasta altas horas de la noche sin nasobuco correteando por nuestras cuadras y personas unas encima de las otras en colas aunque miembros del Minint o la Policía intenten que haya distanciamiento.

A tales negligencias se suman celebraciones que implican dañinas aglomeraciones, besos y saludos efusivos e irresponsables, demasiada gente en la calle como si desconociera el enemigo mortal y silencioso que nos embosca por doquier…

Es ahí cuando nos preguntamos, ¿pero no hay noción de peligro?, ¿no es archiconocido que la covid-19 mata?, ¿que deja secuelas? Constituye lo insostenible no solo para Cuba, sino para cualquier país, este tren de pelea contra una pandemia que está en nuestras manos frenar.

Al juzgar por el imprudente proceder de no pocos pineros la percepción de riesgo es baja o casi nula. La nueva normalidad disfrutada por meses nos ha hecho confiarnos y descuidar lo más valioso que poseemos, la vida.

La nación vive por estos días el momento de mayor complejidad epidemiológica y desconocemos o no queremos reconocer nuestro protagonismo en ello. La percepción del riesgo, como expresara el Dr.C. Julio Arturo Ordoqui Baldriche en su artículo Desde la Psicología: ¿Cómo elevar la percepción del riesgo? (I) publicado en la página web del periódico Trabajadores, resulta el primer eslabón subjetivo del proceso salud-enfermedad. Cumple la función de mantener alerta al sistema sicológico y activar una respuesta protectora frente a esta amenaza. Cuando esto se logra, se asume con mayor comprensión el distanciamiento social.

Es decir, las funciones atencionales incrementan su actividad, estamos más pendientes de dónde ponemos las manos, de la proximidad física con otras personas y de cumplir las normas higiénicas de regreso a casa. En fin, se toma control de los hábitos que forman parte de un estilo de vida que se ha convertido en amenazante.

Por otra parte, el término riesgo se considera uno de los conceptos fundamentales de la epidemiología y puede ser que de tanto repetirlo en estos tiempos haya perdido para los indisciplinados su significado e importancia real. Por la manera en que actúan se creen inmunes y no susceptibles a la probabilidad de contraer este nuevo coronavirus altamente contagioso y asintomático en un significativo número de casos. Por desgracia, las cifras hablan, nadie escapa.

Los cubanos por años hemos estado amenazados por brotes epidémicos de enfermedades trasmisibles consideradas emergentes y reemergentes y ha venido a ser la carencia de percepción del riesgo una y otra vez lo que ha conllevado a no cuidar la salud.

Somos un pueblo instruido y urge no confiarnos ni desmontar medidas y procederes que nos previenen de la enfermedad y que hasta ahora han sido efectivos. Promovamos conductas responsables en nuestros hogares y centros laborales. Convenzámonos de que la solución está en la autodisciplina y disciplina colectiva. La percepción del riesgo, ante este virus mortal, continúa siendo vital.

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Yojamna Sánchez Ponce de León
Yojamna Sánchez Ponce de León

Licenciada en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo

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