No hay peor ciego…

Siempre suelen abundar entre los discrepantes, los hipercríticos, esos a los que nada les viene bien. Ninguna medida les acomoda, se abroquelan en su posición y niegan cualquier reflexión o análisis posible y correcto.

Lo más lamentable es que estas actitudes no solo son de los que viven del “invento”, sin vínculo laboral y criticando todo. También existen los maximalismos a la hora de enfrentar nuevas medidas e ideas en aras del bienestar de la población, por suerte, son los menos.

Para nadie es un secreto que Cuba y el mundo viven momentos difíciles, motivo por el cual la máxima dirección del país ha tenido que adoptar decisiones vertiginosas, pero bien pensadas y oportunas para erradicar una pandemia causante de estragos en la humanidad, mas a la vez razona en cómo se pueden ir recuperando la economía y la producción de alimentos sin sufrir los lamentables riesgos que tienen lugar en varias partes del orbe.

No sé por qué a los cubanos se nos hace tan difícil adquirir una cultura amplia, profunda y verdadera sobre el debate y el razonamiento lógico. No solo se discute de pelota y medicamentos eficaces. Ya lo decía el Doctor Francisco Durán, que en Cuba hay muchos peloteros y médicos, pero también hay muchos cuestionadores que sin tener los elementos discuten abiertamente cómo conducir por un buen camino la economía nacional y el bienestar, la fortuna y suerte de un pueblo.

Hablar de cuanta medida se tome, en ocasiones es un entretenimiento de los que acostumbran a dialogar a la ligera, y hasta capaces de suplantar a los especialistas y los análisis colectivos de las autoridades a distintos niveles, como ocurre en Cuba, con la activa participación de la ciencia.

En el territorio la dirección del Gobierno y el Partido trabajan de forma ardua, analizan la situación existente y el cómo ir avanzando hacia la nueva normalidad en los servicios, el transporte, el comercio, las comunicaciones y la gastronomía en aras de progresar sin el mínimo de errores, los cuales pudieran ser fatales y llevarnos a un retroceso en cuanto a base de sacrificio hemos avanzado.

Esta es la hora verdadera y cobra una fuerza vital. Hay que huirles al facilismo y a los caminos trillados por donde han recorrido muchos fracasos.

Sin realismo mágico, con trabajo y consagración bajo la guía de nuestros dirigentes continuaremos consolidando cada logro en esta compleja batalla por la vida en que convergen muchos frentes, aunque no hay peor ciego que aquel que no quiere ver.

(*) Colaborador

 

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