Necesarios, pero poco reconocidos

A propósito de la celebración de la Jornada por el Día de la Prensa Cubana me complace honrar a los editores con estas líneas de reconocimiento a su labor.

¿Qué serían sin ellos los medios de comunicación, dígase Radio Caribe, Islavisión, Agencia Cubana de Noticias y el Periódico Victoria?

El desbarajuste, un barco sin capitán, ¡ni pensar en eso! Usted se imagina los referidos centros sin director(a), jefe(a) de Información, de Redacción…entre otras nomenclaturas de sus cargos, según el lugar, desde donde no solo organizan y revisan sus ediciones tradicionales, sino también las páginas web actualizadas cada día.

Por lo general, son personas bien informadas y preparadas, capaces de detectar errores al vuelo, entrenadas para desafiar contingencias y convencidas de que no pueden hacerles concesiones a las faltas de ortografía, vicios idiomáticos, lenguaje chabacano, nombres y cargos equivocados, títulos insulsos, enfoques errados sin el debido análisis, ausencia de apropiada intencionalidad política, junto al uso de imágenes, fotos, gráficas y diseños inadecuados, unido al uso excesivo de cifras que nada dicen al lector, radioyente o televidente.

Cuando se publica un error, enseguida corre por los pasillos la expresión evasiva: “¿No lo vieron los editores?”, para eso están, la responsabilidad no es solo mía; negando así la regla de oro del periodismo referida a que el primer corrector de su trabajo debe de ser el profesional que lo concibe.

Si por el contrario, cambian un título y la Comisión de Calidad lo reconoce, no siempre el autor(a) tiene la honestidad de decir que otro fue quien lo creó, porque un título es eso, una creación, el poder de sintetizar el contenido del artículo, un gancho, una manera de atraer al lector, en el caso de la prensa escrita.

Sobre los hombros de los editores recaen trazar, aplicar y orientar la política informativa y hacerla coincidir con la agenda pública, a pesar de las carencias con el transporte, el combustible y el personal que prefiere no ejercer su profesión para irse hacia otros sectores donde reciben mayor remuneración, esa es la realidad en tiempos complejos; por lo que se apoyan en corresponsales y colaboradores y otras fuentes que aportan interesantes ideas y trabajos periodísticos para cumplir los objetivos planteados en cada edición.

Es algo que sabemos todos, pero que casi siempre olvidamos. Admiro a aquellos(a) que a pesar de su difícil e ingrato desempeño y de ser víctimas de la incomprensión se mantienen con optimismo y denuedo en la primera fila de combate.

Lo hacen en muchos casos sin dejar de escribir ni dejar de combatir en redes sociales, como tampoco dejan de preparar con responsabilidad a profesionales de otras ramas reorientados al periodismo ni a quienes darán continuidad a su quehacer cuando ellos recesen en sus funciones. ¡Mis felicitaciones, a los editores en su anónima e imprescindible labor!

Opinion
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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