Nasobuco

El nasobuco se ha convertido de la noche a la mañana en un medio de protección famoso. Antes, si ibas con uno puesto, pensarían que estabas enfermo; ahora si no lo llevas puedes enfermarte.

Los hay de todos los colores, según la tela que aparezca: verdes, azules, blancos, negros, rojos, con rayas, rosados, amarillo pollito, de sacos de harina o retazos de uniformes. No sé por qué en Cuba es mayor la diversidad. ¡Qué viva la diferencia en unidad! No importa el contraste, sino que lo lleves y te protejas, es imprescindible para tu vida.

El nasobuco, en su tiempo tapaboca, ahora también la nariz esconde. Para un ñato es más difícil, pues si camina muy rápido sentirá una leve sensación de ahogo; algunos se cansan de llevarlo y lo dejan caer como brazo que rodea la garganta; no falta quien por razones desconocidas lo guarda momentáneamente en los bolsillos: De cualquier modo hay que taparse media cara, su función es impedir que este virus nos siga enfermando con su malsana corona.

Ya fue dicho en una página del Evangelio: “No es lo que entra a la boca lo que contamina al hombre: mas lo que sale de la boca lo contamina”. No se pueden tomar esas palabras fuera de su contexto, pero esta vez de la boca puede salir coronavirus. También puede entrar la cicuta con la que Sócrates se quitó la vida.

Nasobuco, “nabuco”: casi suenan tus palabras a las primeras que conforman las de Nabucodonosor, rey de Babilonia; ahora su majestad es este nasobuco protector que anda a pie, en avión, auto o carretón.

Mañana, cuando esta historia termine, haremos una exposición de nasobucos hechos con todas las tiras, países y bejucos; darán en su honor una serenata, les cantarán los poetas, serán llevados a la pintura, y tal vez al teatro, para no olvidar que estas telas anónimas y sin mucha gracia, nos ayudaron a salvar los pulmones y desplazaron  las marcas de alta alcurnia, Adidas, Supreme y otras tantas.

Ahora, lleva el nasobuco en tu cara, sin olvidar que algo aprendemos con esta costumbre de andar ya con tiritas amarradas en la nuca: es preciso hablar menos y oír más, mirar con asombro lo que antes nos parecía cotidiano, sentir la compañía de los otros, ver la luz derramándose en los parques, mantener la distancia sin perder la cercanía. Defender lo más valioso que guardan las criaturas todas de la tierra: la vida.

(*) Profesor de la Universidad
Jesús Montané Oropesa y colaborador

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