Nacida en la manigua

Cuando en octubre de 1868 amanecía más temprano en el ingenio La Demajagua se sentía el espíritu independentista de la nación. El doblar de las campanas que habitualmente significaba el inicio del trabajo esclavo, los convidaban ahora, como hombres libres, a juntar sus manos para forjar el estado nuevo.

Surgía el grito de ¡Cuba Libre! y le nacían a la patria valerosos hijos dispuestos a sacrificar sus vidas para expulsar al yugo español que durante tres siglos habían subyugado al cubano. Fue Céspedes, de los conspiradores independentistas, el más decidido a emprender la marcha hacia la plena soberanía. Este hijo de Bayamo, virtuoso, que fue capaz de entregarlo todo por la abolición de la esclavitud, por la independencia, es reconocido en la historia como el Padre de la Patria.

Los primeros aciertos de la Revolución naciente, fueron la igualdad de los todos ante la ley, el respeto y fomento a la autodeterminación de las naciones y la decisión inquebrantable de morir antes que renunciar a ser independientes. El Manifiesto de la Junta Revolucionaria de la Isla de Cuba, devenido en programa de la gesta, constituyó un gran estímulo para todos los patriotas en su lucha contra el dominio colonial.

Desde el primer momento se defendió la necesidad de la unidad del pueblo en torno a un proceso emprendedor y a la vez radical. Crecía desde la manigua una nación cimentado sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Las ideas de los patriotas del siglo XIX, tienen más que nunca una vigencia incuestionable. Ellos como nosotros, defendieron la idea de una patria libre y próspera, se enfrentaron a un enemigo poderoso, lucharon por preservar la unidad nacional, sacrificaron sus vidas en el cumplimiento del sagrado deber.

A 150 años del Grito de Yara, la conciencia nacional se estructura a partir de otras gestas libertarias; esta vez, las armas se han vuelto ideas y combatir a pensamiento, con claridad meridiana y confianza en el futuro, es la epopeya de los cubanos de hoy. Habrá como aquellos tiempos, anexionistas que pretendan traicionarnos a cambio de elogios del enemigo; reformistas, cuyas ideas redunden en la posibilidad del vuelco del sistema social; mas, sabrá levantarse el espíritu joven de Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, Mariana, para degollar cualquier intención de desunirnos y volver al capitalismo neoliberal, que es la feroz esclavitud del siglo XXI.

Fidel Castro, seguidor de las ideas de nuestros próceres, impulsó un movimiento alrededor de la figura del Apóstol que en 1959 reivindicó la historia mambisa. En su discurso por el centenario del inicio de esta contienda histórica expresó con firmeza: “(…) porque en Cuba solo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868. Y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes (…) Nosotros entonces hubiéramos sido como ellos; ellos hoy hu­bieran sido como nosotros.”

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