Mucho más que emprendedores

En medio del período especial, en la década del ’90 del pasado siglo, Cuba apostó por complementar su asediada economía con fórmulas no estatales de gestión. La oportuna decisión causó furor en los hipercríticos de nuestro sistema social acusándonos de querer introducir normas capitalistas.

Más adelante y luego de profundos debates en el seno de la Asamblea Nacional y del Partido se ampliaron las posibilidades y  consolidó el Trabajo por Cuenta Propia, con varias licencias aprobadas en sectores que descargaban al Gobierno de un cúmulo de tareas.

Al unísono se pertrechó la idea desde los círculos de poder yanqui de sabotear el proyecto, enajenar a los trabajadores no estatales de las instituciones e inducirlos a bordear la legalidad. Los denominaron “emprendedores” y apostaron que serían sus aliados en instaurar la supremacía de las empresas privadas. Pero se equivocaron.

Creyeron haber encontrado el germen de la contrarrevolución interna, mas fue en vano, porque son los mismos cubanos los que trabajan en una “paladar” y en una panadería. Que los cuentapropistas son enemigos del la Revolución, es mentira. Así lo ha dicho nuestro Presidente.

Ahora bien, es cierto que todo cambio también acarrea consecuencias. Las más dañinas, las subjetivas, productos de mentalidades obsoletas que entorpecen el desarrollo como lo reconoce el informe al séptimo congreso del PCC. Contra ellas hay que luchar. Y por otro lado el sector no estatal tiene ganas de emprender grandes empresas, pero debe comportarse al filo de la legalidad socialista.

Fue por eso que se necesitó rectificar dos veces al respecto. Primero, cuando se acometió todo un proceso de estudio para concluir con la emisión de nuevas normas legales y segundo, cuando luego del debate de las mismas se enmendaron con las opiniones de los trabajadores.

Nunca en estos intercambios se abordó el asunto de concluir el cuentapropismo. Este ha sabido jugar su papel como complemento económico, asegurando alrededor del 13 por ciento de ocupación laboral y realizando insoslayables aportes monetarios al presupuesto del Estado.

No obstante, persisten algunos trabajadores equivocados que tratan de lucrar por medios ilícitos, intentando eludir a la Oficina de Administración Tributaria y las resoluciones recientemente discutidas con ellos, por eso la palabra de orden en este sentido es la responsabilidad con la contribución social.

Es imposible pensar que los servicios gratuitos y subsidiados se mantienen mediante magia, todos aportamos. Los que laboran en centros de la producción y los servicios diariamente cooperan, y los cuentapropistas son contribuyentes, como existen en centenares de países, que tributan con sus impuestos a la salud, la educación, la actividad física, la defensa del país.

Corresponde en todo momento mantener la conciencia ciudadana, reflexionando que cada centavo asegura el desarrollo. En definitiva el Trabajo por Cuenta Propia se diseñó para emprender nuevos horizontes pero nunca alejados de nuestra realidad socioeconómica, a la cual ellos tributan con igual tesón y cubanía.

(*) Colaborador.

Isla de la Juventud Opinion
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