Minorías peligrosas

julito-opinionPor Julio César Sánchez guerra (*)

Hay en Cuba dos minorías peligrosas: Los que viven de la contrarrevolución, y los que explotan a la Revolución. Los primeros, reciben dinero a cambio de trabajo sucio, moralmente sucio porque no son disidentes sino mercenarios que se venden al mejor postor; a esos no les interesa el destino de Cuba, “camajanean” sin ética ni principios para elevar su nivel de vida; les importa más, ganar el mundo, que perder el alma; se presentan como “independientes” cuando en verdad, son los más dependientes de todos.

julito-opinionPor Julio César Sánchez guerra (*)
Hay en Cuba dos minorías peligrosas: Los que viven de la contrarrevolución, y los que explotan a la Revolución. Los primeros, reciben dinero a cambio de trabajo sucio, moralmente sucio porque no son disidentes sino mercenarios que se venden al mejor postor; a esos no les interesa el destino de Cuba, “camajanean” sin ética ni principios para elevar su nivel de vida; les importa más, ganar el mundo, que perder el alma; se presentan como “independientes” cuando en verdad, son los más dependientes de todos.

Los segundos, “viven” de la Revolución, defienden los cargos pero no la ideología, piensan más en los beneficios personales que en el sacrificio de servir a los demás; simulan defender al socialismo pero   el egoísmo termina por llevarlos al camino de la corrupción y la mentira.

A estos no les interesa hacer avanzar al socialismo ni regresar al capitalismo, les conviene el inmovilismo que no intenta cambiar nada, simplemente flotar con alma de corcho.

Ambas minorías son ínfimas, pero peligrosas y reaccionarias. La primera de ellas, la contrarrevolución, no tiene posibilidades de extender su apoyo social, no solo por el antiimperialismo de larga tradición histórica en nuestro país, sino porque somos  altivos, orgullosos y detestamos a los mercenarios; ese modo de pensar de los cubanos es uno de los caminos que entre nosotros tiene  la soberanía y la dignidad personal.

Los que “viven” de la Revolución son el mayor peligro porque están a nuestro lado, fingiendo una postura que no tienen; fue eso lo que alguna vez, Eduardo Chibás, el líder ortodoxo, le dijo a su compañero Max Lesnik: “El adversario es el que tienes enfrente. Pero el enemigo más peligroso es el que tienes a tu lado, que esconde su traición.” (1)

Sin ningún esfuerzo se puede observar que muchos de los que en la URSS ayudaron a desmontar el socialismo, eran de la llamada “Nomenclatura”,  funcionarios burocratizados que hacía mucho tiempo habían abandonado la ideología que supuestamente defendían. No dudamos que en Cuba es otra la historia, pero sería ingenuo negar que estemos fuera de ese peligro.

José Martí, cuyo pensamiento es uno de los fundamentos ideológicos de nuestro proyecto revolucionario, le advertía a su amigo Fermín Valdés Domínguez, que el oportunismo es uno de los mayores peligros de la idea socialista.

El oportunista busca los hombros, se alza sobre ellos, y grita o finge, ser un defensor del pueblo. Son quizás sin proponérselo, caballos de Troya para destruir a los que luchan tras los muros de la ciudad. Los riesgos del oportunismo son mayores si la cultura capitalista penetra en el  alma de la nación, con  sus secuelas de fragmentación, indiferencia y apoliticismo.

Por eso la unidad del Partido con el pueblo es uno de los fundamentos  de la soberanía y la independencia. Esa unidad hay que defenderla desde el diálogo, la crítica revolucionaria y la participación ciudadana en los destinos del país.

Sin olvidar que para enfrentar los peligros que amenazan a nuestra utopía, será preciso la escoba renovada, la mejor tradición de la ética de un pensamiento irrevocable: ¡Vergüenza contra dinero! Sabemos que la Patria no es obra terminada, y que ella es resistencia contra adversarios y enemigos que intentan robar al pueblo la libertad y el decoro.

(*) Colaborador y Profesor de la Universidad Jesús Montané Oropesa

 
(1) Eduardo Chibás: imaginario. Selección  de Ana Cairo p.317

 


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