Mi primera salida de casa

Foto: Marianela Bretau Cabrera

7:20 a. m. Hoy salí por primera vez de la casa, después de 25 días de “estrecho acercamiento familiar”. Caminé casi un kilómetro (pues limitaron los movimientos en bicicleta) y noté la tranquilidad custodiando mi conuco, La Fe, aunque normalmente, sin el coronavirus, ella duerme apacible a cualquier hora del día.

Divisé a personas en la calle, sobre todo en el área céntrica del poblado, en el parque Santa Fe, donde están situados a su alrededor las panaderías, las tiendas recaudadoras de divisas, cafeterías, mercadito 13 de Marzo, el correo, el banco… todas llevaban puesto su nasobuco, incluso dos personajes de la “cultura alcohólica” de La Fe. Todos lo usan sin reclamos.

Al cruzar el puente, que cobija las aguas mineromedicinales de la antigua Villa de las Aguas, me pareció ver cristalino el río al que tantos desechos vierten y pude ver unos diez peces nadando felices. Durante la caminata hacia el lugar de trabajo, conté siete carros visto, incluyendo una guagua que a mi parecer traía personal médico.

El entronque del Jagüey, sitio donde se aglomeraban a diario muchísimas personas para transportarse hacia Nueva Gerona, está vacío y se siente raro. Hace par de semanas que paralizaron los viajes de ómnibus públicos y transportistas privados desde y hacia otros puntos de la geografía pinera.

La bodega que colinda con esa arteria principal sí tiene al menos 25 personas dispersas en su área, en espera de sacar la cuota de alimentos correspondiente al mes de mayo, que adelantaron su compra a partir de hoy.

Justo unos metros antes de mi destino final, unas banderas cubanas brillan en los portones de unas viviendas donde también hay dispuesto un gran cartel que dice Contingente 1ro. de Mayo.

En la escuela primaria Ernesto Che Guevara de la Serna, situada en el reparto Ángel Alberto Galañena (Panel II) y que hace frontera con los 13 edificios declarados en cuarentena, se encuentran varias brigadas de jóvenes y otros no tan jóvenes.

El centro escolar es ahora el puesto de mando donde se dan las orientaciones al personal que labora en la zona aislada, donde se visten con batas de mangas largas, gorros, nasobucos, guantes… de allí parten a atender durante el día a las familias de las 551 viviendas en estricto aislamiento.

Alrededor de 70 personas voluntarias ATIENDEN todos los días a las familias aisladas. Desde las ocho de la mañana hasta bien entrada la tarde.

Ya de regreso a casa, al despojarme de mi ropa y desinfectar el bolso y los zapatos, más el obligado baño “por si las moscas”, abracé a mis hijos fuertemente porque no hay nada más triste que un pueblo sin niños en sus paisajes. No vi a un solo infante en el trayecto de ida y vuelta, y así es como debe ser en estos tiempos, pero no deja de doler la ausencia de la inocencia en las calles.

Por favor, quédese en casa para que mis hijos, los de las vecinas, los suyos, puedan salir a jugar pronto.

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