Mi mayor resguardo ante la tormenta

Fotocomposición: Osmany Castro Benítez

¡Ay, madre querida, lo que diera por un beso y abrazo tuyo! Como tú no existe mayor resguardo ante la tormenta y ahora, cuando un virus sigue desgarrando a la población mundial, tú te impones ante él, desde casa coordinas y realizas las labores domésticas, las de tu profesión, te conviertes en maestra de tus hijos y sobre todo, velas por el cuidado extremo de cada miembro de la familia, eres la vacuna ideal contra la covid 19.

Hace más de un año cambiaste tus rutinas habituales. Ahora te levantas más temprano para preparar desayuno, almuerzo y comida, ves a diario la conferencia del doctor Durán a las nueve de la mañana, limpias todos los días la casa, desinfectas las superficies comunes, lavas la ropa a menudo, nos consientes haciéndonos dulces…

Dedicas tiempo a enseñar a tus pequeños las orientaciones de las teleclases, tienes una libreta con anotaciones de varias asignaturas, conseguiste una pizarrita para instruirles mejor, les haces comprobaciones periódicas y aún no entiendo cómo te quedan tiempo y ganas para absorberte después en tu oficio y adelantar todo lo posible de tu trabajo.

Contigo es imposible salir de casa sin el nasobuco bien puesto y la frase que ya sabemos de memoria: “No se quiten el naso, no se toquen los ojos, la nariz ni la boca en la calle” y apenas volvemos debemos ir directo al baño a lavarnos y cambiarnos. Nos cuidas demasiado, pero me gusta que seas así. Por ti nuestra morada se mantiene libre de virus, eres pieza clave para enfrentar esta pandemia.

¡Ay, madrecita querida, como quisiera darte ahora un beso y abrazo! En este Día de las Madres puede que no estemos juntas ni podamos celebrar como de costumbre la fecha, debes saber que Soberana II, Abdala y Mambisa tienen mucho en común contigo, aunque tú eres mi vacuna favorita.

Isla de la Juventud
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