Mi maestro, el mejor

Siempre mi maestro será el mejor; el tuyo, el de ella, el de él, pero siempre el mejor. Esa es una de las más serias disputas entre alumnos cuando el orgullo por quien dedica la mayor parte del tiempo a esa hermosa labor de educar, los desborda.

Recuerdo mi maestra en la primaria, la primera, la que nunca se olvida porque te enseña lo básico, los primeros trazos de letras y números… y a través de su trabajo dedicado inculca los valores fundamentales de la sociedad.

Bertha es y será para mí, sin lugar a duda, mi paradigma, una combinación casi perfecta de esa dosis de cariño y exigencia que se requiere para pararse cada día en frente de los pupitres ocupados por los impacientes aprendices.

Sin embargo, no muy lejos del conocimiento elemental, su labor es más compleja y trasciende a la vida personal y social, la cual hay que aprender a descifrar y como todo nuevo conocimiento merece el mayor esfuerzo por entenderla y resolverla en esa constante competencia del día a día.

Más allá de leer, sumar y restar, el maestro regala sin pedir algo a cambio sus mejores consejos, enseñanza a disfrutar cada reto y sentir la satisfacción de haberlo vencido y hace comprender que cada instante es momento para adquirir nuevos conocimientos.

Y si bien la educación y el arte de educar tienen grandes retos en el mundo hoy, donde en decenas de países no es gratuita ni asequible a todos, ha sido para los cubanos un regalo de la Revolución.

Pienso entonces en cuántos niños, jóvenes, adultos, abuelos, hombres y mujeres fueron beneficiados con la Campaña de Alfabetización en este país, todo un movimiento juvenil y del pueblo que logró que Cuba, el 22 de diciembre de 1961, se proclamara Territorio Libre de Analfabetismo.

A 58 años de aquel suceso sigue siendo esta una fecha en la cual mucho tenemos que decir y no sabemos cómo, porque tanta paciencia y amor merecen el mayor premio.

Este domingo es el Día del Educador y ya muchos habrán recibido las cálidas felicitaciones de sus pupilos, mas el reconocimiento ha de ser diario y reflejarse en llegar temprano al aula, usar correctamente el uniforme escolar y mantener una postura de respeto e interés.

Vuelvo a recordar, pues tres años después de su partida física son innegables sus proverbiales ideas, que “se les ha dado el más grande privilegio, la más alta responsabilidad social, la más humana de todas las tareas”, y es que mejor no lo podía haber dicho Fidel.

 

Educación Isla de la Juventud
Casandra Almira Maqueira
Casandra Almira Maqueira

Licenciada en Estudios Socioculturales en la Universidad Jesús Montané Oropesa, Isla de la Juventud

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