Mi Cuba amada

Alguien ríe porque le comenté que andaba en un retiro espiritual al preguntarme por mi falta de activismo en las redes sociales, sobre todo en Facebook, pero por estos días me resultó demasiado tóxica  a raíz de la campaña lanzada desde el exterior contra el país: SOS Cuba.

Ha sido descomunal la guerra comunicacional desatada. Una operación muy bien armada e incitada a partir de cuentas verdaderas y falsas desde disímiles redes sociales digitales para provocar el desorden, la violencia, el desconcierto; convirtiendo al país en un caos para el mundo a partir de la manipulación de hechos e imágenes; así como una avalancha de noticias falsas (fake news).

Crónica de la Infamia: Rosario de Fake News contra Cuba http://www.cubadebate.cu/noticias/2021/07/18/cronica-de-la-infamia-rosario-de-fake-news-contra-cuba/

Cuando este 11 de julio supe de los disturbios en La Habana y otras provincias, me mostraban por teléfono imágenes y videos, que por oficio pude distinguir entre lo real y lo falso, se me anudó la garganta y experimenté una mezcla de sentimientos: Cuba me dolió sobremanera, sentí que en medio de tantas vicisitudes y esa pandemia que no parece tener fin, no merecía tanto ensañamiento, dolor, revueltas, vandalismo, incitaciones al odio, desunión…

Recibí llamadas, mensajes, audios, por suerte cargados de preocupación, porque para el mundo Cuba había llegado a su fin, el “pueblo en pleno” se había tirado para la calle en contra de su proyecto revolucionario y yo apenas sin entenderlos porque ese día saldé deudas con amigas de antaño al visitarlas, vi como siempre a los niños jugar frente a mi edificio y en la noche devoré una buena película.

Luego supe que sí hubo gente que salió a la calle a protestar en contra del gobierno, pero nada significativo ni comparado con los disturbios en otras regiones, por suerte, porque fue irracional y vergonzoso, amén de que sea un derecho la manifestación, por supuesto, pacífica.

Miedosos, arrastrados, masoquistas…, decían desde el exterior a no pocos pineros. En verdad no lo creo, me inclino más por pensar que la mayoría somos personas que agradecen, sueñan, confían, aportan y anhelan transformaciones para una Cuba renovada y más atemperada a su tiempo.

Un amigo desde Colombia me pide a gritos que le explique y cuando en medio de mi dolor le comento, responde: “Soy consciente de la desinformación con que se intentan manejar los sucesos. Aquí espero nadie se crea con autoridad moral para cuestionar al Gobierno cubano con todo lo que ha pasado en mi país.

“A pesar de toda la estigmatización sobre Cuba, las comparaciones son odiosas. En lo visto desde acá no hay ni el más mínimo reflejo de lo vivido por nosotros; el nivel de violencia de las últimas protestas fue cruel, superada por la reacción estatal, llevamos muchísimos muertos, heridos, destrozos…Amén de los problemas internos, el pueblo cubano sigue siendo digno y sobreviviendo a un bloqueo injusto y demasiado inhumano”.

Le agradecí la solidaridad desde la distancia en tiempos convulsos. Y como les comenté al inicio decidí someterme a un retiro espiritual, no precisamente para rezar (aunque no critico a quien lo haga) sino para procesar lo que jamás pensé ver en mi Patria, de la cual siempre presumí, entre otros tantos logros sociales, de su tranquilidad ciudadana.

Es verdad que Cuba no es la misma como tampoco los cubanos, quienes cargamos muchas necesidades acumuladas por una economía maltrecha, errores, dilaciones y también el bloqueo, sí, esa aberración en la que no se cree, pero está ahí, marcando muy profundo a las familias.

Me aparté porque presencié vandalismo, parte de estos protagonizados por jóvenes, delincuentes, aprovechados, pero gente común desesperada e ingenuidad también; agresiones entre nosotros mismos, hasta un hospital pediátrico y mucho odio, ese monstruoso sentimiento que nos carcome el alma, nubla la vista impidiéndonos ver la esencia de una intervención “humanitaria”, destruye y divide, como a esas familias y amigos que de aquí y de allá se ofendieron, laceraron y bloquearon.

Lo acontecido durante estos días fue doloroso y repudiable; sin embargo, nos deja lecciones, señales para hurgar en las causas, sobre todo las internas, esas que dependen de nosotros para sentir y padecer como la gente, viabilizar problemas, despojarnos de cuanto aún nos inmoviliza y entorpece la construcción de un mejor país, donde quepamos todos y prevalezca lo humano, la paz, el respeto a lo diverso. Cuenta conmigo mi Cuba amada.

 

Isla de la Juventud Revolución cubana
Karelia Álvarez Rosell
Karelia Álvarez Rosell

Licenciada en Defectología en la Universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo con más de 30 años en la profesión.

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