Merquiades y la visita inesperada

Foto: Odalys Mompié Ruiz

“Estaba yo de administrador en la planta procesadora de caolín, cuando llega Fidel en compañía de Ramiro Valdés, José Ramón Fernández, Osmani Cienfuegos y otras personas importantes. Imagínese me tocó a mí guiar la visita, y no me puse nervioso, aunque sí sorprendido.”

Así rememora Merquiades Acosta Figueredo, a sus 76 años y con brillo en su mirada, aquel encuentro ocurrido cuando apenas tenía 23 años, pero que hoy perdura vivo en su memoria.

“Fidel se interesó por saber de todos los detalles, de los trabajadores y me preguntó acerca del funcionamiento de la planta, el proceso del caolín, la capacidad de esa industria que sustituía importaciones al país y acerca de la inversión que se realizada para ampliar y modernizar la infraestructura”.

“Recuerdo bien ese día, había un lugar donde iba a extenderse la obra constructiva, y yo se la muestro al Comandante, era un lodazal del caolín que se había desechado allí, Fidel interesado por ver cómo iba a marchar la obra, con un par de botas negras bien lustradas, dijo: ′Vamos a ver dónde será la inversión esa…′.

“Se metió por el fanguero aquel como si nada, imagínate le llegaba hasta el tobillo todo aquel lodo. No solo él, también los integrantes de la delegación que lo acompañaba”, relata mientras sonríe.

“Una vez ahí le explico todo, escuchó con mucha atención como si no le importara el fango y la humedad en los pies. Eso, sí, preguntaba todo, desde aspectos económicos hasta tecnologicos…

“Después todos los trabajadores se organizaron y saludó en especial a las mujeres. Entonces Fidel me llama aparte y me pregunta ¿Oye, con qué ustedes se mueven aquí?, yo le digo teníamos un camioncito adaptado, me interroga de nuevo, ¿pero está bueno?, yo le contesto que sí, y entonces me dice: ¿No les gustaría tener una guagua…? Y vuelve a preguntar si los camiones con que transportábamos el caolín estaban en buenas condiciones? Ahí se vira para donde está su ayudante José “Pepín” Naranjo y le dice: Anota enviarles una guagua y cinco camiones nuevos…

“Antes de marcharse me expresó: ′No te dejes quitar la guagua, ni los camiones′, enfatizó con esa preocupación que siempre tenía con los detalles.

“Esa era la grandeza de aquel hombre, preocupado por el bienestar de los trabajadores. Después me enteré que el Comandante le había comentado al entonces primer secretario del Partido aquí, Arturo Lince González, que se había llevado una buena impresión de la planta.”

Hoy este padre y abuelo también recuerda con orgullo sus andanzas como combatiente del Ejército Rebelde que comandaba el Comandante en Jefe, y de manera entrañable rememora “aquel día en que estreche la mano de Fidel, conversé con él tan cerca y ví con mis propios ojos la grandeza de ese hombre y de los demás que lo acompañaron…”.

Pero confiesa que tampoco podrá olvidar entre sus memorias haber conocido e intercambiado en varias ocasiones al Comandante Ernesto Guevara, no solo cuando vino a fundar la única fábrica de caolín de la nación, sino igualmente en otros sitios como la Cabaña.

Fidel

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