Mentiras escuálidas y el precio del error imperial

Diego

Por Diego Rodríguez Molina

A una intensa ofensiva mediática de sectores que no parecen confiar en la vía electoral para recuperar el poder, está sometida hoy Venezuela, a más de seis  meses de las elecciones presidenciales y desde hace semanas crecen las “ollas” mediáticas promovidas por medios de los sectores oligárquicos, o los escuálidos, como los llaman despectivamente los venezolanos, desplazados del poder desde 1999.

Venezuela no es Libia y puede convertirse en el Viet Nam latinoamericano, mientras son cada día más los millones que en el orbe hacen de la exhortación del himno de los trabajadores a cambiar el mundo hundiendo el imperio burgués, cántico de la batalla cotidiana por conquistar la esperanza

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Diego

Por Diego Rodríguez Molina

A una intensa ofensiva mediática de sectores que no parecen confiar en la vía electoral para recuperar el poder, está sometida hoy Venezuela, a más de seis  meses de las elecciones presidenciales y desde hace semanas crecen las “ollas” mediáticas promovidas por medios de los sectores oligárquicos, o los escuálidos, como los llaman despectivamente los venezolanos, desplazados del poder desde 1999.

En nombre de la “libertad de expresión” redoblan las mentiras e infamias contra el presidente Hugo Chávez e instituciones del Estado y promueven impunemente la discriminación racial, el odio y la violencia, con el propósito de causar incertidumbre, intranquilidad y caos en esa nación, cuya obra humana alcanza niveles sin precedentes contra la pobreza y ha permitido situar a su pueblo entre los mejores atendidos del mundo en la salud y otros servicios básicos, con el concurso incondicional de los médicos y otros profesionales cubanos.

Frente a las deshonestas e irresponsables pretensiones, Chávez y otros líderes chavistas no se cansan de llamar a la unidad para enfrentar, según sus propias palabras, “la campaña sucia de guerra psicológica que viene de filas adversarias y busca confundir y atemorizar al pueblo”.

Mas, ni esas falacias ni las demás maniobras desesperadas del imperio impedirán que Chávez gane las elecciones de octubre y consolide la Revolución bolivariana por la vía legal, constitucional y democrática, y profundice los incuestionables cambios sociales y económicos en beneficio del pueblo.

En su Reflexión publicada este sábado con el título Lo que Obama conoce, Fidel alerta lo “preocupante que el Gobierno de Estados Unidos haya decidido en tales circunstancias promover el derrocamiento del Gobierno bolivariano” y subraya que en “lo inmediato, todos los latinoamericanos y de modo especial nuestro país, serán afectados por el proceso que tiene lugar en Venezuela, cuna del Libertador de América”.

“El enemigo –prosigue advirtiendo el Comandante en Jefe de los tenebrosos planes– …multiplica sus esfuerzos destinados a calumniar y golpear al Presidente Chávez. Por mi parte no vacilo en afirmar mi modesta opinión ─emanada de más de medio siglo de lucha─ de que la oligarquía jamás podría gobernar de nuevo ese país”.

No solo desenmascara la grosera mentira sobre “la calumniosa campaña de que en la alta dirección del Gobierno bolivariano existe una desesperada lucha por la toma del mando del gobierno revolucionario si el Presidente no logra superar su enfermedad”, sino que, por el contrario, afirma el líder histórico cubano: “He podido observar la más estrecha unidad de la dirección de la Revolución Bolivariana”.

Con clara percepción de la gravedad del momento y visión de futuro previene Fidel: “Un error de Obama, en tales circunstancias, puede ocasionar un río de sangre en Venezuela” y advierte la innegable ola de solidaridad, firmeza y unidad continental que desataría ese peligroso zarpazo yanqui: “La sangre venezolana, es sangre ecuatoriana, brasileña, argentina, boliviana, chilena, uruguaya, centroamericana, dominicana y cubana”.

Estados Unidos debería haber aprendido la lección de que Venezuela no es Libia y puede convertirse en el Viet Nam latinoamericano, mientras son cada día más los millones que en el orbe hacen de la exhortación del himno de los trabajadores a cambiar el mundo hundiendo el imperio burgués, cántico de combate cotidiano contra los poderosos, sus armas, torpezas e injusticias.

 

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