Melón pinero, aporte japonés

El melón, llamado “de agua”, es una planta herbácea de tallo rastrero. Se cultiva por su fruto, una baya de temporada veraniega con gran contenido de agua y sabor dulce. Su tamaño depende de la variedad y condiciones de cultivo. La pulpa es aromática, con textura suave y color rosado intenso.

El fruto es diurético, nutritivo, estomacal, depurativo y rehidratante. Aconsejado en los tratamientos contra el cáncer y padecimientos cardíacos. Aporta muchos carbohidratos, como la sacarosa, pero su bajo contenido energético lo hace ideal también en dietas para bajar de peso. Calcio, magnesio, potasio y fósforo están entre sus abundantes virtudes restauradoras.

Los mejores terrenos para su cultivo son los areno-arcillo-humíferos, aunque produce buenas cosechas en casi todos los suelos ricos en materia orgánica, pero con buen drenaje. Prefiere un PH de 6 a 8, esto es, neutro o casi neutro.

La preparación del área comienza al menos dos meses antes de la siembra, mientras la plantación debe hacerse con semilla fresca, de buena calidad y sobre todo proveniente de frutos maduros.

Se debe surcar el terreno con una separación entre hileras de 2,5 a 3,5 metros y después en cruz, o sea, perpendicularmente a los primeros, de modo que al dejar caer de dos a tres semillas –las cuales se entierran con los pies– en cada cruce de surcos, la siembra queda en cuadro.

De octubre a febrero es su mejor estación de siembra, también puede efectuarse en junio, julio o agosto, aunque estas son más riesgosas por comenzar la florescencia y fructificación de las plantas coincidiendo con los temporales. En el riego, el agua no debe tocar las hojas; téngalo en cuenta. La planta mojada tiende a podrirse con facilidad.

Después de los 100 días inicia la maduración gradual de los frutos. Están en sazón cuando comienza a secarse el zarcillo que los une al pedúnculo, además producen un sonido especial al golpearlos de forma suave con los nudillos. Su desprendimiento de las matas debe hacerse con instrumentos cortantes y nunca arrancándolos.

¿El detalle curioso? El melón de agua, en la antigua Isla de Pinos, fue cosechado por los deportados políticos. Esa cultura agrícola se perdió al terminar la guerra de independencia y para 1926 se desconocía su cultivo. Entonces llegó el veinteañero Mosako Harada; este japonés organizó grandes banquetes de melón –gratuitos– para enseñar su consumo a las nuevas generaciones. Y lo logró, hasta el punto de que hoy la Isla surte la semilla del fruto a buena parte de la nación.

Isla de la Juventud

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