Máximo Gómez, el Generalísimo

La niñez de Máximo Gómez la dibujó un hogar donde armonizaron la decencia, el trabajo rudo forjador del temple del hombre y una doctrina que profesaba el amor al prójimo.

Ávido de conocimientos, ya hecho un mozalbete, durante el tiempo libre se abrió a la superación autodidacta y a la lectura. Entonces  solía sustentar que “la instrucción como más se consigue es leyendo”.

Su vida cambió al incorporarse a la disciplina militar con otras reglas, aunque hizo gala de la educación inculcada por sus padres.

Al llegar a Cuba en julio de 1865 y entregarse a la lucha por la defensa de ideales superiores a los debatidos en su patria, una vez expulsadas  las tropas haitianas, inició una trayectoria que contribuyó a la vertiginosa evolución de su pensamiento político.

Tras una década de incesante bregar con aquellas cargas al machete en la manigua que tanto estragos causaron a las tropas españolas, el insigne guerrero toma el camino del destierro cuando el diez de febrero de 1878 se firmó el Pacto del Zanjón, consiguiéndose una paz sin independencia ni abolición total de la esclavitud, la cual resultó experiencia dolorosa de lo que significa la falta de unidad y cómo esta es aprovechada por el enemigo.

Para orgullo de los cubanos la Guerra de los Diez años no concluyó en el Zanjón, sino en los Mangos de Baraguá con la protesta intransigente de Antonio Maceo  el 15 de marzo de 1878.

Luego de la “tregua fecunda” o “reposo turbulento” acontecen importantes cambios en la fisonomía  económica, social y política de la nación.

Participa con Martí en los preparativos de la nueva etapa de lucha Cubano y en su plataforma programática: Manifiesto de Montecristi, que suscribe Máximo Gómez en su carácter de Jefe del Ejército Libertadorel 25 de marzo de 1895, aunque ya desde el mes anterior se había reiniciado la Guerra Independentista del 95.

La lucha adquiere nuevos bríos con la llegada en abril de Maceo, por Duaba, y Martí y Gómez, por Playitas de Cajobabo, junto a otros grandes jefes y se encuentran en la finca La Mejorana, donde sostienen conversaciones, liman diferencias y llegan a un consenso.

Mucho le conmovió la caída del Apóstol ese 19 de mayo, en Dos Ríos, pero fue capaz de seguir inconmovible la batalla emancipadora. En carta memorable a Antonio Maceo le dijo Gómez: “Esta Guerra, General, la haremos usted y yo, pero será la de Martí”.

El Viejo (como lo llamaban) protagonizó con el Titán de Bronce un hecho que marcó hito militar en ese siglo: la Invasión de Oriente a Occidente –entre el 22 de octubre de 1895 y el 22 de enero de 1896– que había concebido Céspedes desde la Guerra del 68 y no resultó por las indisciplinas y desunión.

La sensible pérdida de Antonio Maceo en San Pedro junto al hijo de Gómez, obligó al jefe mambí a cerrar filas junto a los demás luchadores y aunque se había logrado la unidad y arruinar a España en el campo de batalla, la intervención del naciente imperio de Estados Unidos, cambió los destinos de la Revolución al imponer una república maniatada a los nuevos amos.

Máximo Gómez, el insigne guerrero, el gran estratega, el Generalísimo, con un profundo amor a Cuba y en medio de su campaña política en contra de la corrupción gubernamental, murió en La Habana el 17 de junio de 1905 a los 69 años de edad. Y su ejemplo, como expresión de internacionalismo y fidelidad a Cuba, vivirá siempre en la historia de la Cuba libre y soberana de hoy.

Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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