Más ruido contra la estridencia

Causa de frecuentes indisciplinas sociales, tanto las notificadas como las no reportadas, es la contaminación sonora por ruidos estridentes, que mucho se critica en las cuadras desde donde también se está actuando con mayor energía.

No es para menos cuando el mal se acrecienta y a la par de nuevos artefactos como las bocinas portátiles, invaden todos los espacios actitudes egoístas de personas insensibles y ostentosas que solo piensan en ellos sin detenerse en cuánto dañan a vecinos y transeúntes los volúmenes excesivos a que escuchan música, que no siempre son del agrado de quienes le rodean.

Por eso el asunto hay que enfrentarlo con la misma gravedad con que agrede a la tranquilidad de lugares públicos, edificios, barriadas habitualmente apacibles y otros espacios de la comunidad.

Ya es hora igualmente que quienes han preferido no notificar esas indisciplinas pensando que “es muy probable que no se haga nada…”, cambien de opinión y ejerzan su derecho a no permitir que otros violenten sus espacios.

Resulta alentador conocer que son cada vez más las personas que sí se quejan, razón por la cual es la contaminación sonora por ruidos estridentes la causa de frecuentes indisciplinas sociales notificadas desde el barrio, sobre todo en ciudades y a partir de la reproducción de música alta en viviendas, vehículos y centros recreativos.

Según la Dirección General de la Policía Nacional Revolucionaria, a partir de la evaluación del período entre enero y marzo de este año, la mayor afectación se reporta en la noche-madrugada y viernes, sábados y domingos, en coincidencia con el descanso de la población y propicios para fiestas.

En el Municipio Especial, al igual que en varias provincias, se reportaron quejas de la población contra bicitaxeros, quienes en su mayoría fueron multados y advertidos.

También en el territorio se denuncia esta indisciplina a bordo de vehículos de tracción animal, y cuya incidencia obligó a ocupar varios de esos medios y bicitaxis, retenidos por dos meses, en experiencias aleccionadoras para sus conductores insensibles y debieran tener en cuenta quienes no reparan en los dañinos efectos de sus conductas antisociales.

Pero el asunto no es exclusivo de la Policía, es responsabilidad de todo el barrio, de los vecinos afectados y que no estén “contaminados” con otro fenómeno: la falta de percepción del daño que en diferentes aspectos ocasiona la contaminación sonora.

No es de extrañar que haya personas que vean con normalidad, e incluso aprueben, esa manifestación que va más del aspecto acústico, porque como comentan muchos acerca del tema, molesta e irrita a todos y perjudica particularmente a niños pequeños, ancianos y enfermos.

No menos perjudicial es que otros, aunque se incomodan con estas conductas, callan y dejan pasar, otra expresión de nociva pasividad que los hace cómplices de un fenómeno que no podemos dejar a otro.

Como suele expresarse en el argot popular, “aún queda mucho ruido por hacer…” (en el entendido de actuar con inmediatez y firmeza, lo mismo advirtiendo que denunciando en caso necesario) frente a la contaminación sonora, para callar igualmente las repudiables conductas que a ella suelen asociarse.

Isla de la Juventud
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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