Martí renace

Suele asociarse mayo sólo con la caída en combate de José Martí, y casi nunca de las armas con que se burló de la muerte, de la cual dijo que no era verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida y la asoció con raíz, simiente, futuro.

A lo más conocido de su quehacer en el quinto mes, entre cuyos acontecimiento sobresale su artículo –en 1891– La Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América, donde denuncia los objetivos ocultos del convite y los peligros del plan estadounidense, abundan los desvelos por afianzar ese símbolo de vida que le inspira la treintena primaveral de las flores y lluvia fresca.

Hoy se hace más necesario su llamado de entonces: “Ni uniones de América contra Europa, ni con Europa contra un pueblo de América […] La unión, con el mundo, y no con una parte de él; no con una parte de él, contra otra”. Y cuando la crisis mundial por la Covid-19 sacude ya a casi todos los países, el bloqueo yanqui arrecia contra Cuba, se negocia con las vacunas y el injusto orden imperialista condena a muerte prematura por hambre y sed a más de tres mil millones de personas en el mundo, asombra la profundidad y previsión de lo expresado en mayo de 1884 en La América, de N. York:

“Comer bien, que no es comer ricamente, sino comer cosas sanas bien condimentadas, es necesidad primera para el buen mantenimiento de la salud del cuerpo y de la mente. –La angustia con que se vive en todas partes del mundo…, hace más necesario… la reparación inmediata y cuidadosa de las fuerzas que en grado mayor que en ninguna otra época se pierden”.

Precisamente con ese fin avanza el movimiento popular en la producción de alimentos como parte de la soberanía nacional.

Pero Martí daba, además, remedio, como el que hacía público otro mayo (en 1878 en Guatemala): “…al progreso agrícola deben enderezarse todos los esfuerzos. Todos los decretos a favorecerlos, todos los brazos a procurarlo, todas las inteligencias a prestarle ayuda”, como ocurre ahora en Cuba, donde se sigue entregando tierras y priorizan inversiones a este frente, definido asunto de máxima seguridad nacional.

En mayo de 1884 subraya en otro ángulo del problema: “…en campos como en ciudades, urge sustituir al conocimiento indirecto y estéril…, el conocimiento directo y fecundo de la naturaleza” y llama en artículo aparecido al siguiente año (1885) en Buenos Aires, a sembrar cuanta tierra haya “y con varios cultivos…”.

Si aquel lluvioso mes de sus tiempos estudiantiles abrieron el pensamiento universal del futuro líder, los de sus tres últimos años engrandecen su obra.

En 1893 recorre Tampa, Cayo Hueso y Las Antillas en aglutinadora labor y en los últimos días llama en Patria a fortalecer la lucha organizada: El Partido Revolucionario Cubano a Cuba, titula el artículo que también circula en hojas sueltas.

Mayo de 1894 lo encuentra entre los cubanos de Filadelfia, Florida, Tampa y tal es su ímpetu patriótico, que en los dos últimos días, antes de partir al anochecer del 31 hacia Costa Rica, escribe más de 50 cartas y notas dirigidas a destinatarios de fuera y dentro de la Isla.

Faenas duras y difíciles por los montes del Oriente cubano, tendría en mayo de 1895 antes de caer el 19 para renacer en la continuidad de la lucha de la Revolución martiana que Fidel llevo a la victoria y el pueblo consolida con el legado de ambos líderes como antorcha imprescindible de la patria.

 

Historia Isla de la Juventud
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

Colaboradores:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *