María Esther, feliz en su casita

Foto: Gerardo Mayet Cruz

“Me gusta mi casita. Estoy muy feliz, pues aquí me siento como si estuviese en un palacio, tranquila, con todas las condiciones”, expresa llena de júbilo María Esther Navarro Castellanos, mientras acaricia con la mirada el inmueble.

María Esther es una baracoense jubilada hace siete años y beneficiada con el programa de subsidio de la Vivienda. Hace más de cuatro décadas llegó a la Isla de la Juventud procedente del alto oriente cubano. Aquí residía en un domicilio interior de mampostería y tejas de fibrocemento en calle 46 franqueado por detrás por una zanja, pero como les ocurrió a muchas familias pineras el huracán Gustav la privó de su hogar en 2008.

“El Gustav destruyó la casa completa –recuerda–, luego me dieron unas tejas de fibro, una maderita y levanté ahí mismo un cuarto. Seguidamente me dirigí al Partido y al Gobierno y enviaron al arquitecto y a los técnicos.

“Allí dijo el arquitecto que no se podía; estaba la zanja que pasaba por detrás y cuando la calle y las aceras se desbordaban el agua corría me llegaba a la rodilla, pues yo vivía en un pasillo estrechito, al fondo.

“Al técnico le indicaron que realizara una valoración de los materiales, cuando lo hizo llegó a la conclusión de que necesitaría más materiales que si fuese a construir una casa nueva, entonces determinaron otorgarme un subsidio”.

Según cuenta Navarro Castellanos realizó la solicitud de inmediato, ella es madre de un hijo con insuficiencia renal en espera de un trasplante de riñón, lo cual incidió a la hora de agilizar los trámites.

“Me ayudaron bastante con los materiales, era necesario acelerar todo por si llegaba el trasplante tener al menos un cuarto terminado. Para la construcción me orientaron que debía ejecutarla con trabajadores por cuenta propia dedicados a la actividad, me comuniqué con un albañil y él con su ayudante hicieron el trabajo.

“En un año y unos meses fue levantada; es cierto que atravesé dificultades con los recursos, pero luché, me impuse y desde julio del 2019 disfruto de ella. Ya no necesito cargar el agua desde fuera de la casa a través de una manguera, aquí me llega a la ducha del baño y a la llave del fregadero, es una comodidad”.

Pero María Esther, como mujer emprendedora que siempre ha sido, ha continuado mejorando las condiciones de su hogar. A través de los créditos bancarios agregó una habitación a la célula básica y en este instante edifica otra a la que solo le restan el fino en las paredes y colocar el piso.

Además, sabe sacar fruto a todo lo que esté a su alcance. En su patio, por ejemplo, encontramos sembrado plátano fruta y macho, yuca, boniato, calabaza, mango y guayaba; justo lo que requieren estos tiempos, que toda persona con posibilidades saque provecho a la tierra para proveerse de alimentos.

“No hay espacio para más en la parcelita, ya he podido saborear de todo lo que he plantado. Siembro yo misma y mi hijo, aunque no puede hacer fuerza, me ayuda a recoger la basura cuando chapeo. Tenemos el patio limpiecito y sembrado completo”.

Para la oriunda de Baracoa que hace más de 40 años emprendió un largo viaje que la trajo a esta Isla de ensueño, hoy todo es satisfacción y tranquilidad.

“En el barrio me llevo bien con todos, vivo aquí dentro de mi casa, paso el tiempo recreándome con telenovelas y haciendo producir la tierra”, concluyó.

Isla de la Juventud
Yuniesky La Rosa Pérez
Yuniesky La Rosa Pérez

Licenciado en Comunicación Social en la universidad Jesús Montané Oropesa, Isla de la Juventud

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