Maravilla de mujer cubana

Foto: Marianela Bretau Cabrera

María es una mujer valiente, como lo fue su madre…y porque la Revolución la preparó así. En su natal La Coloma, en Pinar del Río, comenzó su historia, la de una niña con 13 años con su encanto de vocación estudiando para ser maestra.

Hoy ya no es esa muchachita delgada y activa, partícipe en las actividades de gimnasia de sus escuelas, soñando con ser buena educadora. Ahora tiene más de 60 años, es máster en Ciencias de la Educación, distinguida con disímiles medallas y premios, jubilada reincorporada, madre, abuela, fidelista y le apasiona escribir poesías, cuentos y adivinanzas para niños y adultos.

El apartamento de María Hernández Cordero, en La Fe, se lo entregaron tras siete años de labor destacada impartiendo clases en el grado prescolar en la primaria Abel Santamaría Cuadrado, en Nueva Gerona, primer plantel donde trabajó a su llegada a la Isla de la Juventud en 1983, época efervescente en cuanto al desarrollo social y económico del territorio.

Foto: Marianela Bretau Cabrera

Ese espacio devino en su hogar, donde creció su primogénita Tere y nació después su hijo Carlos –de su segundo matrimonio–, pero antes de tener la llave de esa casa “pasé mucho trabajo, laboraba todo el día y por la noche nos recogía la guagua para ir a La Demajagua a estudiar la licenciatura”, cuenta mientras sus ojos se tornan tristes. A su pequeña la cuidaban otras personas, pues en el albergue no se permitía tener niños.

Cuando María nació aún faltaban dos años para el triunfo de la Revolución Cubana, procedía de una familia humilde que apoyaba esa causa y ayudaba en la lucha clandestina; hablar de sus padres la pone sensible, en especial cuando recuerda a su madre –las lágrimas se asoman, traga en seco y continúa conversando–.

“Mis padres fueron personas revolucionarias: mi mamá era muy trabajadora, responsable, cocinera en una granja agrícola y mi papá pescador, perteneció al Partido desde su fundación”, dice orgullosa quien estudió la Enseñanza Primaria en centros internos porque en su pueblo natal no había seminternados, y una vez a la semana regresaba a casa y veía a su familia.

“Cuando estaba terminando el sexto grado llegó una visita a la escuela, habló acerca de la necesidad de maestros en el país y pidió que aquellos con intención y vocación en enseñar levantaran la mano. іYo levanté la mía!”

Así fue como María, con solo 13 años empezó en la formadora de maestros Tania la Guerrillera, en Limones, donde cursó los dos primeros años; el tercero, en la escuelita Carlos Hidalgo en el mismo Pinar del Río y el cuarto y quinto en la Mariana Grajales, en La Habana, adonde ingresó después de ser seleccionada junto a otras cinco alumnas.

La vida becada hizo de ella una joven fuerte y determinada, sus padres siempre le insistieron, igual que a sus hermanos, “tienes que estudiar, ese es tu futuro. Nosotros no pudimos hacerlo porque no tuvimos esa posibilidad, pero ustedes sí”. Así fue como se aferró a instruirse, incluso tenía 15 años cuando perdió a su ser más preciado: su madre.

Al graduarse en 1975 como maestra de Prescolar la ubicaron en la escuelita Camilo Cienfuegos, en el Central Harlem, en Bahía Honda, donde laboró siete años, se casó y tuvo su hija. Luego de la separación del padre de la niña volvió al albergue, y mientras impartía clases en el día, algunas madres de sus propios alumnos, así como la abuela paterna le cuidaban a la pequeña; allí no había Círculo Infantil.

María solo pensaba en abrirse camino junto a su retoño, fue cuando supo de la incorporación de profesores de distintas provincias en la otrora Isla de Pinos; junto a dos compañeras del magisterio se enrumbó hacia acá y en septiembre de 1983 ejerció como maestra en Abel Santamaría, mejor centro de la Enseñanza Primaria de la época.

Nuevamente albergada, estudiando en las noches la licenciatura, con el apoyo incondicional de amistades en la guarda y cuidado de su hija, destacándose por su labor sindical, mérito que la condujo a participar en el XVI Congreso de la CTC.

Cuando se hable de Educación Pre-escolar en la Isla… HAY QUE CONTAR CON MARÍA HERNÁNDEZ, anuncia una información del periódico Victoria en su edición del 13 de diciembre de 1989; es un recorte de papel amarillo guardado entre diplomas, medallas y reconocimientos, tesoros preciados de la educadora, quien conserva con celo cada distinción obtenida en su sólida carrera.

Una vez licenciada en Educación Prescolar y con la llave de su casa en mano, María se centró aún más en su trabajo educativo, de la sección sindical, la Federación de Mujeres Cubanas de su  delegación, el Movimiento de Mujeres Creadoras, el de anirista, la Asociación de Pedagogos…, muchos fueron los infantes en José Almuiña, Magalis Montané y Fabián Fernández que aprendieron por ella las vocales, los trazos, juegos didácticos, canciones, cuentos, poesías…

Durante 29 años fue maestra, hasta que en el 2004 la promovieron como directora del círculo infantil Casita de Muñeca, en La Reforma, donde dedicó más de una década al desarrollo del centro, el cual obtuvo muy buenos resultados a instancia municipal como círculo de referencia en la zona campo, en el programa Educa a tu Hijo, además de la integración familia-centro-comunidad.

En este período realiza su maestría en Ciencias de la Educación, de la cual su tesis de grado resultó destacada y seleccionada para presentar en el Congreso Internacional de Pedagogía 2011, un folleto de poesías de su autoría con el objetivo de desarrollar cualidades y valores morales en los niños como el amor a la Patria, a los héroes, la laboriosidad, el cuidado a la naturaleza, la honestidad, honradez, entre otros.

Todo marchaba bien hasta que le diagnosticaron neoplasia de mama y tuvieron que hacerle una radical, operación de 17 puntos que le imposibilitó trabajar por más de un año; sin embargo, tuvo una bonita experiencia al acudir al turno preoperatorio. Allí se encontró con dos alumnos convertidos en médicos.

“Cuando Mansito me vio fue hasta mí, me abrazó y decía: ‘¡Mi maestra, mi maestra de Prescolar…!, pero venga, entre, dentro de la consulta tendrá otra sorpresa’. Cuando entró estaba Lienny, también cirujano. Yo iba con susto y miedos; verlos me dio confianza, me dijeron que estarían conmigo en la operación y así fue…, ví el fruto de mi trabajo, cuando se acordaron de mí con tanta alegría… eso es tremendo, es lo máximo, me ha ocurrido con varios estudiantes.

“Recibí mucho apoyo y tuve una recuperación muy buena gracias a mis compañeras de trabajo, las familias y vecinos de La Reforma, también del personal de los círculos de aquí de La Fe, de la Dirección Municipal de Educación, incluso Inalvis, la directora en ese momento, me visitó en varias ocasiones”.

Al recuperarse de la cirugía la trasladaron como subdirectora en el círculo infantil Florecitas de Azahar, pues su enfermedad le imposibilitaba, entre otras cosas, viajar diariamente 13 kilómetros en cualquier medio de transporte hasta su centro laboral.

En el nuevo estuvo hasta su jubilación a los 60 años, pero a los dos meses “me reincorporé, pues no me hallaba en la casa y comencé como educadora musical, además de apoyar en todo lo que puedo, en los documentos, preparación de las muchachitas, el trabajo martiano, la promoción de salud”.

Con más de tres años reincorporada, María se siente útil y satisfecha de lo alcanzado, siente orgullo de su hija, quien sigue sus pasos como educadora y cursa el último año de la licenciatura en la filial pedagógica Carlos Manuel de Céspedes. Ahora, debido a la pandemia covid-19 labora desde casa por tener factores de riesgo, actualiza y realiza los cortes evaluativos de las educadoras, se mantiene informada y de vez en cuando una rima la inspira.

Observo las medallas y los reconocimientos que avalan su trayectoria laboral: Pepito Tey, Rafael María de Mendive, Distinción por la Educación Cubana, Distinción 23 de Agosto de la FMC, Placa 8 de Octubre por ser vanguardia de la Anir, premio municipal Yo soy el maestro, premio provincial Olga Pastor in memoriam, premio municipal de Pedagogía, reconocimiento de la asociación de pedagogos Por la Obra de toda la Vida, como profesora adjunta en la Universidad, Vanguardia Nacional en dos ocasiones…

Son muchísimos los trofeos guardados, entre ellos un cuadernillo de poesías dedicadas a Fidel, Martí, Mariana, Celia, el Che, a la Isla, la Educación… Militante de la UJC desde los 17 años y luego miembro del Partido, partícipe activa de la sociedad pinera y poetisa del alma que agradece a la Revolución la mujer que es hoy. Ante mi pregunta de una palabra para describir a las féminas, contesta de inmediato: “Maravilla”.

Educación Isla de la Juventud
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