Opinion

Malcriadez con ribete delictivo

Cuál no sería mi asombro el pasado lunes bien temprano en la mañana cuando al pasar por el parque central de Nueva Gerona estaba prácticamente lleno de botellas rotas, tanto en las áreas verdes como en sus aceras y en la glorieta.La reflexión vino galopando y la indignación se sumó al ver como personas sin un sentido común cometían tan grande torpeza, no solo en lo referente al cuidado del entorno y la tradicional limpieza que reina en el centro mismo de la capital pinera.

Resulta imposible pensar que luego de disfrutar entre amigos durante la noche en un área común para mitigar el intenso calor se cometan tales desatinos.

Y no es solo la afectación ambiental, al parecer los indisciplinados no ven más allá, pues decenas de niños juegan en las tardes allí y pueden resultar heridos al divertirse junto a sus padres y la brisa de la tarde, mientras los mayores se conectan con los seres queridos en el exterior.

De ahí que esos recipientes que sirvieron como envases terminan convirtiéndose en vidrios asesinos, en un perjuicios que también afecta a la economía al no destinarse al reciclaje que permite su recuperación y el saneamiento del medio ambiente.

Ahora cualquiera puede aducir a la falta de cestos, olvidando de su existencia en los inicios en el paseo Martí y que también por la indisciplina fueron averiados hasta su casi total desaparición.

La negativa práctica se extiende paulatinamente a otros lugares de la ciudad, de ahí que corresponda a todos tomar cartas en el asunto y hacer labores de persuasión que posibilite desterrar tal proceder en esas áreas de amplia concurrencia de personas y sobre todo infantes.

Ya el tema ha sido tratado en anteriores ocasiones y, sin embargo, al cabo del tiempo vuelven a proliferar esas actitudes que no siempre tienen el rechazo de la colectividad y en nada tienen que ver con la idiosincrasia del cubano, su contagiosa alegría y espíritu solidario.

Unos tragos de más tampoco significan tener derecho a realizar acciones que van contra el ornato público y mucho menos puedan atentar contra la salud de las personas.

Por el momento vaya el oportuno alerta para contrarrestar esas indisciplinas de unos pocos que convierten a esos necesarios envases en indeseables vidrios asesinos.

Pedro Blanco Oliva
Pedro Blanco Oliva

Licenciado en Literatura y Español en la universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomado en Periodismo con más de 40 años en la profesión

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