Luchador incansable

Ha pasado el tiempo, tu altiva y gallarda figura, algo encorvada por los años no la encuentro, se pierde en un oasis quimérico. Recuerdo aquella fatal caída que te imposibilitó por algún tiempo esa movilidad constante que te caracterizó, mas no decayó tu espíritu de luchador incansable.
Oswaldo Guayasamín reflejó como nadie tus manos huesudas e inquietas, trasmitiendo toda la fuerza de un hombre de estirpe mambisa.
Birán te vio nacer 93 años atrás, creciste entre la naturaleza y el amor a la vida, la que dedicaste por entero a tu pueblo.
Tu tiempo pasó entre estudios y luchas estudiantiles, hasta que la situación del país clamó por transformaciones radicales.
Transcurría el año 1953, en la madrugada de la Santa Ana 16 automóviles cargados de sueños marchaban hacia Santiago de Cuba; el objetivo, asaltar el cuartel Moncada. La lucha fue dura. Ante la imposibilidad de victoria ordenas la retirada, escapan. Los sorprende una patrulla al mando del teniente Pedro Sarría Tartabull, quien a pesar de tener orden de matar a los prisioneros grita a sus subordinados: ¡No disparen, no disparen, las ideas no se matan!
Juicio amañado, te defiendes, te espera junto a tus compañeros la cárcel. Isla de Pinos te ve llegar con la cabeza erguida, al mal llamado Presidio Modelo. Esta será tu nueva morada junto a quienes lucharon contigo, escuela y prisión fecundas que los preparó para seguir la contienda redentora.
Tras 22 meses, decretada la amnistía, un grupo de pineros te ven salir junto a los tuyos, con la victoria fulgurando en el rostro. La familia Montané Oropesa te dio refugio momentáneo para que descansaras y cambiaras impresiones con algunos miembros del Comité Pro Amnistía, para después dirigirte al entonces hotel Isla de Pinos en la principal arteria de Nueva Gerona y comenzar a estructurar la estrategia en aras del triunfo definitivo.
La embarcación que deberá trasladarte hacia La Habana, aguarda en el río Las Casas. En el vapor Pinero llegan al Surgidero de Batabanó camino a la capital y a la nueva etapa.
México te acogió cuando se agotaron las vías dentro de Cuba. Comenzaste la preparación de los jóvenes para continuar la pelea.
El yate Granma te hizo capitán indiscutible de hombres por la libertad.
Siete días de difícil navegación, desembarcan bajo la lluvia. Se desperdigan por la metralla enemiga. Sortean manglares, nuevas pruebas y se reagrupan.
La Sierra Maestra, la lucha guerrillera te supieron vencedor.
Aquel ocho de enero de 1959, la entrada en la capital, te presenta ante los ojos del mundo y comienza la contienda más difícil: la dirección del país.
En 1961, se aproximan tempestades políticas, ataques sorpresivos a aeropuertos, un joven escribe con su sangre: ¡FIDEL! La invasión es inminente y Playa Girón resulta el lugar escogido. Milicianos, policías y alumnos de las incipientes escuelas de cadetes parten hacia donde es más fuerte el combate.
Tu figura se distingue a lo lejos, llegan los tanques de guerra, abordas uno, moja las esteras en la playa, disparas a la embarcación mercenaria y le das en su punto más débil. Menos de 72 horas bastaron para derrotar la invasión.
Actos terroristas, grupúsculos de alzados asesinan gente humilde, sin reparar en niños, mujeres, hombres, mientras las dificultades económicas se ensañan, pero con mano firme sigues timoneando la nave de la Patria.
La Revolución avanza, el pueblo se vuelca de lleno a las tareas más importantes de la Cuba nueva. Todos tienen la mirada puesta en esta pequeña nación. La solidaridad no se hace esperar. Los pocos médicos que no abandonaron el país fueron a prestar ayuda a pueblos hermanos. Angola, vilmente atacada, solicita ayuda y miles de cubanos parten para el combate y a más de 11 000 kilómetros de distancia diriges con éxito las operaciones militares.
Amanece el día 25 de noviembre de 2016, los relojes tratan que los minutos y las horas no avancen. Los médicos hacen lo imposible. Raúl, que te acompañó en todas las batallas, sabe que en esta, con la muerte, no puede hacer nada. Todo termina. Da la noticia a Cuba, al mundo.
Cierro los ojos y veo esa mirada dulce, segura, que nos parece decir: no desmayen, continúen el rumbo, sin voltear la mirada para ver lo recorrido. Si lo hicieran, que sea para trazar nuevos derroteros, ahora con todo un pueblo en travesía indetenible al futuro.

Por Raúl Cárdenas Fernández

Por Siempre Fidel
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