Los pícheres más temidos

Aunque algunos de los pícheres de esta relación no lograron generar una reputación muy grande en Series Nacionales (SN), sus rivales supieron lo difícil que fue enfrentarse a ellos. Cada uno contaba con distintas habilidades y fueron una verdadera pesadilla para el contrario, pues sabían que, para ser de los más temidos, no bastaba con tener una recta de 90 millas o una buena slider, debían también meterse en la mente de sus oponentes.

Hoy no hablaré de los mejores pícheres de la Isla, sino de quienes utilizaban el deadball para quitarse de encima a un bateador peligroso o de aquellos que el descontrol provocaba que los bateadores fueran golpeados y sintieran temor frente a ellos.

Foto: Archivo

Será contradictorio el caso del exlanzador Jorge Smith, integrante del equipo Cuba a los Juegos Centroamericanos Universitarios de 1997 en Guadalajara, México, donde obtuvo dos brillantes actuaciones frente a los equipos de Puerto Rico y Colombia.

Smith contaba con increíble precisión y envidiable control. Tal es el caso que concedía menos de una base por juego (0,43) y no golpeaba de forma intencional a los bateadores; era tan certero que podía apuntar muy pegado al cuerpo de sus oponentes como método de intimidación, sin embargo, está en la relación de los temerarios.

Se caracterizó por ser de relevo, en las diez SN en que participó solo inició ocho desafíos.

Yalieski Diéguez fue un derecho del que se esperaba mucho más, es el de mayor promedio de pelotazos propinados, quizás el hecho de estar a menudo eclipsado por los bateadores –quienes le conectaron 68 extrabases en sus cinco campañas– obligaba al derecho del poblado de La Demajagua a utilizar más el sinker-ball, lanzamiento que no llegó a dominar a la perfección, por lo cual golpeaba a los bateadores.

Danni Aguilera, relevista habilidoso, supo jugar con la mente del rival para superarlo, contaba con diferentes técnicas y lanzamientos que muchos bateadores no sabían descifrar. Llegó a golpear a 92 contrarios como lanzador. Entre sus logros se destacan sus dos lideratos en juegos salvados y llegar a convertirse en el segundo lanzador con más salvamentos de por vida.

Aunque su carrera fue corta, Israel Soto se destacó por ser uno de los monticulistas más difíciles de enfrentar. Resultó ser noticia en sus cuatro campañas y probablemente el tirador más peligroso para sus oponentes. Constituía un verdadero riesgo enfrentarse a él, pues tenían grandes posibilidades de recibir pelotazo.

Además de su rudeza, era habilidoso e incluso, formó parte de la preselección nacional al I Clásico Mundial de Béisbol del 2006.

A pesar de no haber tenido una carrera llena de títulos, Luis Manuel Suárez logró grandes estadísticas individuales que lo convirtieron en uno de los serpentineros más intimidantes. Concluyó su carrera con 41 triunfos y un promedio de carreras limpias de 4,94.

No solo se caracterizaba por ser un pícher lateral extraordinario; creía que era fundamental apelar al aspecto sicológico del bateador, por ello estudiaba al oponente antes de sus envíos.

Jorge Luis Garlobo es considerado por muchos como uno de los mejores de todos los tiempos en la Isla, pero también como uno de los más temidos al no mostrar piedad a la hora de pararse sobre la lomita con lanzamientos rápidos y pegados que impedían al adversario sacar los brazos a placer y sentirse feliz en el home.

En lo personal, me encantan esos pícheres que trabajan “duro y al codo”, como solemos decir en las tertulias originadas en el bulevar pinero, envíos que hacen, por lo general, que el bateador en turno enseguida se separe del home y comience a ceder.

Por supuesto, “pichear pegado” exige temple y control. El líder histórico de pelotazos propinados en los equipos locales, Carlos Alberto Yanes, dejó clara su línea de trabajo en varias entrevistas y esa manera de entender su oficio le propició 235 triunfos en los certámenes domésticos, convirtiéndolo en un fenómeno monticular al lograr ser el segundo con más victorias en la pelota cubana.

Hoy me pregunto, ¿por qué los lanzadores dan tantas bases por bola y huyen tanto la esférica buscado la zona de afuera? ¿Obedecerá a los entrenadores de picheo, o sencillamente será una infeliz iniciativa del propio pícher?

El lanzador debe marcar su terreno y exigir respeto para tener ganada la batalla sicológica, si teme pegar el lanzamiento nunca triunfará como monticulista.

No aplaudo la tendencia a golpear al pelotero de forma intencional y critico a quienes en ocasiones, a propósito, usan las pelotas como armas para golpear a un bateador y salir de él o como venganza para mantener el equilibrio en el juego, sobre todo cuando están enojados.

Otros que trabajaron poco en la Serie Nacional y se convirtieron en lanzadores muy peligrosos con promedios pavorosos son los casos de Leodán Charón (11,2), Ismael Matos (14,8) y Raudel Hurtado (19,0).

(*) Colaborador

Deporte Entrevistas Isla de la Juventud
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