Los nocauts de Stevenson

stevensonNo soy cronista deportiva, escasas veces en mis más de veinte años en la profesión he escrito acerca de esta temática, pero el fallecimiento de nuestro múltiple campeón de boxeo Teófilo Stevenson me remueve las fibras no solo como periodista sino también como una de las admiradoras de este hombre de pueblo.

 

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No soy cronista deportiva, escasas veces en mis más de veinte años en la profesión he escrito acerca de esta temática, pero el fallecimiento de nuestro múltiple campeón de boxeo Teófilo Stevenson me remueve las fibras no solo como periodista sino también como una de las admiradoras de este hombre de pueblo.

Fui una de las tantas pequeñas y pequeños de Cuba que en épocas de mundiales se estremeció y gritó ante sus fulminantes nocauts. La edad ni el desconocimiento constituían impedimentos para admirar la limpieza de sus peleas.

Era como una danza, pero en el cuadrilátero, con un preciso jab de izquierda, combinado con todo tipo de golpes de derecha. Con su potente pegada no solo “anestesió” a incontables rivales de diversos países, incluidos a varios púgiles de Estados Unidos que de antemano aseguraban el triunfo ante el ídolo del central Delicias.

Muchos seguimos de cerca su evolución como deportista y como ser humano. Por ello pensamos en su alegría, nobleza y en esos tres títulos olímpicos, sus 301 victorias y apenas 20 reveses; hasta el momento nadie ha podido superar una cota como la del entrañable Teo, como le llamaban de manera cariñosa.

Pero sus nocauts estuvieron más allá del cuadrilátero, en el ring de la  dignidad, cuando ofreció contundentes negativas ante propuestas millonarias porque él no podía traicionar ni por todo el dinero del mundo al pueblo y a esta Cuba que lo había dignificado y llevado a la gloria.

Por tanto decoro y amor incondicional a los suyos es que siempre nos mantendremos a la expectativa de su próximo combate.

 

 

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