Los Malagones, primeros milicianos

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Con mi camisa azul de miliciano, soy más feliz. /Con tu camisa azul de miliciana, estás en algún sitio, como yo, rifle al hombro, quizás viendo esas mismas estrellas que ahora veo. /Pienso que estas junto a esa luz lejana. /Que este aire de la noche te recorre la cara vigilante. /Que algún ruido puede ser de los dos/…

Este fragmento del poema Mi miliciana del poeta Roberto Fernández Retamar, extraordinaria figura de las letras y presidente de la Casa de las Américas, refleja el sentir y la actitud de los hombres y mujeres del pueblo, quienes sin perder la ternura y la capacidad de amar, pidieron un puesto en la trinchera con las armas en las manos para defender a la naciente Revolución Cubana, y así protagonizaron las grandes heroicidades del combate y el trabajo en defensa de la Patria.

Eran días aciagos aquellos en que tras el triunfo del Primero de Enero de 1959, el gobierno de Estados Unidos (EE.UU.) en contubernio con la reacción interna desató una serie de embestidas que abarcaron desde la guerra económica, el terrorismo de estado, el espionaje, los planes de asesinatos a Fidel y a Raúl hasta la subversión y fomento de bandas terroristas.

Ante esa política agresiva la dirección de la naciente Revolución fundó las Milicias Nacionales Revolucionarias el 26 de octubre de 1959, –hace hoy 58 años– para proteger al territorio nacional de una invasión militar enemiga y salvaguardar los objetivos civiles contra acciones de grupos terroristas que actuaban tanto en Cuba como desde EE.UU. y otros países del Caribe.

Ese extraordinario suceso tuvo como antecedente la constitución por Fidel –a finales de agosto de 1959– de una milicia compuesta por 12 campesinos de Pinar del Río que recibieron la misión de capturar en un plazo no mayor de tres meses a una pequeña banda que operaba en la región y encabezaba un cabo de apellido Lara, prófugo de la justicia revolucionaria.

Leandro Rodríguez Malagón, a quien todos conocían por su segundo apellido y a pesar de sus 60 años se dispuso a tomar el fusil, fue designado jefe de la patrulla conocida desde entonces como Los Malagones. Esta fue entrenada durante el mes de septiembre por el Comandante de la Revolución Guillermo García Frías y tuvo el honor de recibir clases de tiro del propio Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Sus integrantes como nadie conocían el terreno, a los pobladores, a los alzados y poseían las condiciones físicas y morales necesarias para cumplir la tarea. Cuando Fidel despidió a los que serían los primeros milicianos del país, les dijo: “Malagón, si ustedes triunfan habrá milicias en Cuba”.

Y triunfaron. Solo requirieron de poco más de dos semanas para arrestar a los contrarrevolucionarios. Desde entonces Los Malagones se convirtieron en símbolo y modelo para organizar en toda la nación un ejército multitudinario sin precedentes en la historia de la defensa del poder revolucionario. Primero fueron patrullas de milicias, después compañías y finalmente batallones de combate y los distinguía sus boinas verde olivo y como dijo el poeta la camisa azul de miliciano.

(…)/Que nos ponemos de pie a la vez, andando lejos, cerca, como si no existiera esta distancia, y en vez de estar a solas en la sombra, rifle en la mano, oyendo el minucioso pecho jadeante de la noche, estamos juntos, juntas las manos, las camisas azules juntas, y nosotros somos no los que escuchan, sino el ruido; no los que escudriñan a la sombra, sino los que en la sombra olvidan a la luz, /y rumorosamente se sumergen en la noche alumbrada del amor/.

 

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Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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