Los aplausos de mi abuela

Foto: Melissa Mavis Villar De Bardet

En Cuba se ha hecho costumbre aplaudirle cada noche al personal de la salud, y cada día se escuchan más fuertes. Desde la Isla de la Juventud, en especial el Consejo Popular La Demajagua, también se juntan las manos para apoyar a los trabajadores de la Salud Pública que luchan día tras día contra la COVID-19 en la Patria y otras latitudes.

Pero ni en casa ni otras de esta comunidad al suroeste de la capital pinera bastaron las palmas; igualmente fueron testigos de la algarabía calderos, cucharas y demás objetos metálicos que estuvieron repiqueteando al compás de consignas revolucionarias durante más de 20 minutos en balcones y portales, desde donde alternan canciones con letra y música enaltecedoras del sacrificio compartido en el épico combate frente a la epidemia mundial.

Mi abuela no se queda atrás en estas expresiones colectivas de gratitud a quienes desde otros sectores se suman a esta batalla por la salud y la vida del pueblo. Todas las noches sale corriendo después del Noticiero estelar de la Televisión Cubana para ser la primera en levantar de los asientos a sus vecinos.

Pero Sara Portuondo Rodríguez no solo lo hace porque tiene una hija enfermera, por ser la responsable del frente ideológico en la delegación de base de la Federación de Mujeres Cubanas ni únicamente para manifestar la admiración por la consagración del ejército de las batas blancas que se expone a grandes riesgos de forma cotidiana.

“Nuestros aplausos, a los que se suman cada vez más niños y jóvenes, son también una manera de manifestarles a la nación y al mundo solidaridad, optimismo y la confianza en que sobreviviremos y venceremos contra este peligroso virus, a la vez que constituyen
–afirma ella convencida– una convocatoria a sumar más vecinos a esa lucha que se gana con la participación colectiva en el cumplimiento de las medidas sanitarias como el necesario aislamiento social, a no salir de casa y a proteger a los ancianos y otras personas vulnerables.

“Así que esas alegres e inolvidables palmadas significan para nosotros en La Demajagua –enfatiza la maestra jubilada–, además, la obligación de ser disciplinados, honestos con quienes realizan la pesquisa activa y mayor compromiso en cada tarea orientada por las máximas autoridades”.

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