¿Lo primero?…el hombre

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“Sube primero los estribos. Pon las cuñas. Mira bien lo que haces, asegúrate el casco, ten cuidado con las líneas. Deja en la cesta todo lo que te sobre. Sube el cable…”.

Son frases cortas, precisas y muy frecuentes en el quehacer diario de los lineros, las cuales se reiteran una y otra vez porque de su estricta observancia depende su seguridad y, a veces, hasta la vida debido a la complejidad de las tareas.

No obstante a los constantes riesgos, la Empresa Eléctrica lleva 20 años sin accidentes fatales, cuya información podrá resultar trivial para algunos; sin embargo, no lo es, máxime cuando sus trabajadores de manera constante están sometidos al peligro por laborar con líneas energizadas, en las alturas y con un sinnúmero de herramientas en mano.

Y este loable resultado tiene mucho que ver a la importancia que le atribuye la entidad a los obreros, de ahí su preocupación constante en cuanto a la implementación de acciones que contribuyan al bienestar físico, psicológico y social.

Cuando conversé al respecto con Vilma Aidé García, al frente de Recursos Humanos, puntualizaba el quehacer realizado en la empresa para hacerlos comprender que son los principales responsables por la preservación de su vida, independientemente de las tareas a realizar por la entidad en función de garantizarles los recursos de protección y un ambiente saludable.

Y hacía énfasis en lo anterior porque las estadísticas demuestran que entre las causas fundamentales de los accidentes son la conducta del hombre y las tendencias a violar, por exceso de confianza, las rutinas productivas, las normas y protocolos de seguridad.

Los datos de la Organización Internacional del Trabajo le ponen la piel de gallina a cualquiera: cada año más de 313 millones de personas sufren accidentes del trabajo y enfermedades profesionales no mortales, lo que equivale a 860 000 víctimas diarias e incluye la defunción de cerca de 2 millones de trabajadores anualmente.

Al lado de esas lamentables realidades, el tema en Cuba podría pasar desapercibido, pues en el país–según el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social– en los últimos años apenas se registra un promedio anual de 80 fallecimientos por esas causas.

Si bien es vital que el trabajador comprenda la necesidad de cuidarse, también lo es que las entidades organicen programas de capacitación con vista a la sistematización de conocimientos para la ejecución de sus complejas y riesgosas misiones.

Así la Eléctrica ha realizado cursos de habilitación en diferentes especialidades, de hecho el pasado año un nuevo grupo de linieros probó su formación en el restablecimiento de los daños ocasionados en Manicaragua, Villa Clara, por el huracán Irma.

Pero esa preparación abarcó otros puestos claves, tales como  lectores-cobradores e inspectores, fuerza calificada que contribuye a la armonía del sistema; a lo anterior se suman las actividades vocacionales, los días de la técnica, los encuentros con los familiares…

Esa práctica demuestra que en la entidad el hombre es lo primero, en él se concentran todos los desvelos por garantizar, a pesar de los riesgos y de las líneas con alto voltaje, su integridad física…su vida.

Opinion
Karelia Álvarez Rosell
Karelia Álvarez Rosell

Licenciada en Defectología en la Universidad Carlos Manuel de Céspedes, Isla de la Juventud. Diplomada en Periodismo con más de 30 años en la profesión.

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