Lisbetty: confiada y agradecida

Lisbetty, primera de la izquierda, poco antes de enfermarse. Foto: Annette Rodríguez Gutiérrez (*)

“El día que enviaron el examen para La Habana estaba nerviosa. Esa noche fue interminable, pero en mi interior algo me decía que sería negativo. Al recibirlo y ver que estaba contagiada con la COVID-19 me sentí decepcionada, mi mente se nubló por un momento; pensar que por no cumplir con las medidas orientadas me había convertido en una paciente, enturbiaba quizá los seis años de mi vida que he dedicado con empeño y consagración a estudiar Medicina…”.

Así cuenta Lisbetty Rondón Valdés el instante en el que se le informó que tenía el SARS-CoV- 2, y agrega: “Fue complicado, me embargaron sentimientos de frustración, tristeza y miedo, sobre todo este último, pero decidí confiar en mis profesores y colegas”.

Ella realizaba su última guardia rotativa en Medicina Interna, cuando aproximadamente a las siete de la noche recuerda haber prescindido de los guantes de protección, “el principal descuido que me llevó a contraer la enfermedad”.

Como integrante del ejército cubano de las batas blancas, la joven estudiante no había dudado un minuto al llamado del Ministro de Salud Pública para la pesquisa de la población ante la existencia del nuevo coronavirus en el país.

La casi médica, hoy con un estado de salud favorable, se siente dichosa de haber elegido esta profesión y refiere su disposición de donar, una vez recuperada, su plasma, ante la posibilidad de que como ha informado el doctor Durán en conferencia de prensa cada mañana, la plasmaféresis de quienes padecieron la COVID-19 sea colocada en pacientes con la enfermedad para incorporar anticuerpos. Tal actitud reafirma en ella sus valores humanistas y solidarios intrínsecos en esos valientes que decidieron por esta profesión.

En la entrevista vía WhatsApp, Lisbetty agradece a todos sus colegas por las atenciones brindadas, añade estar feliz de ser parte de nuestro personal médico, por el cual confiesa sentir  “gran orgullo, dichosa por las tantas muestras de preocupación y apoyo recibidas a diario por mi familia, y por mi novio, quien también fue positivo a la enfermedad”.

Desde su necesario aislamiento social envía a los enfermos y al resto de las personas un mensaje de confianza en el sistema de salud cubano y de lo imprescindible de cumplir las medidas sanitarias promulgadas, pues “la disciplina estricta en estos momentos es el único antídoto para evitar la propagación de la epidemia”.

(*) Estudiante de Periodismo

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