Lince entrega cuerpo y alma al pueblo

Foto: Internet

En sus testimonios quienes lo conocieron lo describen como “un hombre recto, de gran autoridad, que trabajaba sin descanso y exigía lo mismo a los demás”.

Tiene Arturo González Lince la capacidad de atraer a las personas que en plena calle les extienden la mano para saludarlo o plantearle un problema. Su lenguaje y actuar se endurecen ante los malhechores, las indisciplinas o hechos delictivos, en su afán de mantener una sociedad plena en deberes y derechos.  Lince González contribuye al fortalecimiento del Partido, al desarrollo de Isla de Pinos y, junto al esfuerzo de los jóvenes y el pueblo, al cambio de nombre por el de Isla de la Juventud, el dos de agosto de 1978.

Este primero de noviembre de 2020 se conmemoran 33 años del deceso  del combatiente. Él inicia sus actividades revolucionarias en 1956 cuando ejecuta con otros estudiantes en su Guantánamo natal manifestaciones y sabotajes contra la dictadura de Fulgencio Batista, por lo que cae preso y una vez en libertad viaja a Santiago de Cuba donde acomete similares acciones.

En 1957, sube a la Sierra Maestra donde se une a la Columna Uno del Ejército Rebelde comandada por el joven líder Fidel Castro Ruz; posteriormente, lo seleccionan para integrar la Columna Seis Frank País, que pasa a formar parte del Segundo Frente Oriental e interviene, entre otros combates en los de Boca del Salto, Veguitas y Pino del Agua y obtiene los grados de primer capitán.

Tras el triunfo revolucionario se gradúa de piloto de aviación y cumple varias responsabilidades en Camagüey y Santa Clara hasta que en octubre de 1966 lo envían a Isla de Pinos para dirigir el Plan Especial Camilo Cienfuegos, destinado a garantizar la alimentación del pueblo.

Cuatro meses antes, el ciclón Alma había ocasionado grandes daños al territorio arrasando con la ganadería y las granjas agrícolas, entonces convocan a contingentes de muchachas y muchachos de toda Cuba, cuya composición era heterogénea.

Lince se apoya en ese capital humano al asumir la nueva tarea, la cual posibilita el rescate e impulso de los planes pecuarios, citrícolas, apícolas y de otros renglones.

El 21 de abril de 1968 lo nombran Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba en la región de Isla de Pinos, cargo que desempeña por más de una década.

Al repasar momentos de su trayectoria resulta necesario mencionar  que integra el Comité Central en el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, además de participar en el Segundo y Tercer Congresos de la organización política. También al constituirse el Poder Popular queda como Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por la Isla de la Juventud.

En 1979, le asignan otra misión al servicio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias: la de jefe de la Sección Agropecuaria en la Empresa Cafetalera, ubicada en la zona montañosa de Guantánamo.

La desempeña con el grado de coronel y le entrega cuerpo y alma hasta su muerte el primero de noviembre de 1987, a causa de un infarto, pero deja un recuerdo imborrable en quienes lo conocieron, trabajaron y lucharon junto a este hombre digno. En su honor  lo pineros le pusieron su nombre a la Escuela Municipal del Partido el 17 de enero de 1997.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Historia Isla de la Juventud
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

Colaboradores:

2 Replies to “Lince entrega cuerpo y alma al pueblo

  1. Conocí a Lince personalmente, multiples los encuentros y las largas conversaciones sobre el rol de la prensa en la Isla, acompañado del entonces secretario del DOR, en el Comité Municipal del PCC, Lázaro Mora, y del primer director del Victoria (nombre breve que se asumió del original Hasta la Victoria Siempre), el cro. Ricardo, cuyo apellido me averguenza reconocer que no recuerdo, porque fuimos, además de compañeros y colegas, Hermanos.
    Coincido con quienes describen aquí la recia personalidad del Capitán Arturo Lince, quien nunca dejó de ser, por muchos cargos y niveles que tuviera, un guajiro guantanamero. Un hombre entregado con toda pasión a la tarea encomentada y, además, en que los demás a su alrededor así lo asumieran. Fue un inspirador. Aquellos tiempos son inolvidables y, si bien recuerdo la gigantesca tarea de la siembra de la toronja como gran programa agrícola en la que participamos todos abriendo mensualmente una cantidad determinada de huecos de 1x1x1 metro en el duro suelo rocoso de la isla como deber moral ineludible, lo que siempre me admiró de Lince fue su actitud y capacidad general ante los huracanes, la racción rápida, el involucramiento de cada uno de quienes tenían alguna responsabilidad de dirección, su preocupación por la información a través de la legendaria Radio Caribe (Mazorra), el entonces semanario Victoria y la difusión nacional e internacional por medio de Prensa Latina, de la que fuí su primer- y único- corresponsal en la Isla desde julio- agosto de 1968. Vivíamos con condiciones mínimas, primero en un albergue cerca de las barracas que ocupaba el Comité del PCC- en ese albergue estaban ubicados los talleres de diseño de la propaganda, con el gran artista Dago al frente- y después en una casa que compartíamos el periódico y PL, justo frente a la sede (entonces, no sé ahora) de la emisora y en la esquina al frente de la biblioteca municipal, con colecciones memorables de literatura de las cuales me nutrí y mucho. Entonces, Juventud Rebelde- que era la casa matriz del Victoria- enviaba mensualmente a periodidtas para trabajar en el periódico y así trabé relaciones que aún perduran en el tiempo con Felipón- devenido en diplomático-, Moisés Saab- posteriormente compañero de labores en Prensa Latina, donde seguimos ambos- y otro grande, siempre rebelde, contestatario, perfeccionista y rey del lente en las verdes y las maduras de aquellos tiempos y seguramente después: Calvito. Imposible dejarlo fuera de algún acontecimiento o cobertura, cualquiera que fuera. Y, además, conducía como nadie aquella moto con sidecar de que disponía “la prensa”, una habilidad que le disputaba Ricardo. Todos nosotros recibimos la influencia de Lince, su nombre está grabado profundamente en nuestras mentes, estoy seguro. Mi más sincero homenaje de recordación, respeto y admiración, Roberto Molina.

    1. Agradecemos mucho el comentario hecho por Roberto Molina de una etapa tan entrañable y con valiosas enseñanzas que compartiremos con el colectivo del periódico Victoria, hoycon muchos jóvenes que necesitan de esas lecciones, y también le haremos llegar a la Escuela del Partido en la Isla de la Juventud que lleva el nombre de Arturo Lince.
      Aquí tiene siempre un periódico que valora mucho la opinión de sus lectores y recibirá con agrado recuerdos tan conmovedores.
      Gracias Roberto

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