Legado de capitana mambisa

Foto: Internet

Cuando todavía no era la Capitana del Ejército Libertador en las Guerras de Independencia del siglo XIX, mostraba el humanismo que con la adultez devino vocación puesta en favor de la Patria al cuidar a los enfermos y heridos en los campamentos o campos de batalla.

Hija de Enrique Rubio, el médico del pueblo, –Paso Real de Guane, en Pinar del Río– María Isabel del Rosario (Isabel Rubio) nació el ocho de julio de 1837 y aunque su madre, Prudencia Díaz, murió cuando ella tenía solo seis años no sufrió pesadumbre porque el padre llenó de afectos a sus retoños y les propició una buena educación.

Una década después, atraído por  sus ojos y cabellos negrísimos, Joaquín Gómez la pidió en matrimonio y de esa unión nacieron tres hembras y un varón, pero con el decursar del tiempo la golpearon el deceso de Ana María, su primogénita, que le deja sus dos hijos; la súbita locura del coronel Enrique Canals Infante, casado entonces con Isabel, y el fallecimiento de Rosa: otra de sus descendientes.

Aquella mujer, a los 58 años, resultó abanderada de la lucha por redimir a Cuba del yugo español y en total desprendimiento dedicó a esa causa sus conocimientos farmacéuticos, bienes y propiedades.

Durante una visita a su hija en Nueva York pudo entrevistarse con José Martí, en Tampa, donde se le orientó contribuir con la preparación del alzamiento en armas.

Al regresar a la Patria continuó sus contactos con Juan Gualberto Gómez, delegado del Partido Revolucionario Cubano en la isla y más tarde lo hizo con Enrique Collazo.

De manera incansable unió a los patriotas y organizó la labor conspirativa, convirtiéndose su casa en un centro activo de apoyo a la independencia consiguiendo que muchos cosecheros de tabaco de la zona tomaran conciencia de la necesidad de su participación en la contienda liberadora.

Ya se había producido el alzamiento revolucionario del 24 de febrero de 1895, cuando las autoridades españolas apresaron a Modesto, el único hijo varón de Isabel, después lo liberaron al no poderse comprobar su participación en el movimiento. Ella abrigaba en su hogar a más de 100 huérfanos.

En enero de 1896 el mayor general Antonio Maceo al arribar a Paso Real de Guane, visitó la casa de Isabel Rubio y la condecoró con el grado de Capitana de Sanidad del Ejército Libertador, por su gran prestigio y destacada actividad revolucionaria.

Posteriormente instaló un hospital de campaña en el occidente de la provincia y luego cumplió la orden de trasladarlo al centro de ese territorio.

Cuando fue preciso partir a la manigua, la acompañaron su hijo y su nieto. Marchó con cuanto útil pudo cargar para salvar vidas e instaló un hospital militar ambulante. Durante dos años atraviesa casi todo Pinar del Río siguiendo detrás de las tropas y cura y mitiga el dolor de los heridos con la utilización de hierbas medicinales.

El 12 de febrero de 1898 descubrieron el campamento mambí devenido hospital y al salir la Capitana del Occidente, como se le conocía, a la puerta para conminar al enemigo a no disparar, porque dentro solo había mujeres, enfermos y niños, una descarga de fusiles la hirió en una pierna.
Como prisionera de guerra la obligaron a realizar una gran caminata hasta San Diego de los Baños, después la trasladaron a un centro hospitalario donde una fulminante gangrena acabó con su vida tres días después, el 15 de febrero de 1898.
Y al cabo de 120 años de tan sensible pérdida las mujeres, hombres y habitantes del territorio que lleva su nombre, sienten sano orgullo y hacen suyo el fervor  patriótico y heroicidad a toda prueba de la insigne patriota cubana.

Historia
Mayra Lamotte Castillo
Mayra Lamotte Castillo

Licenciada en Periodismo en la Universidad de La Habana; tiene más de 40 años en la profesión.

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