Lázaro 733

Yutong-escolares-a(8)“Buenos días. Les habla Lázaro 733. A los choferes no les gusta hablar pero a mí sí me agrada comunicarme con mis pasajeros”, fueron las palabras iniciales de este carismático hombre servicial, atento y corpulento, de 1.75 metros más o menos,

 

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Fotos: Gerardo Mayet Cruz

“Buenos días. Les habla Lázaro 733. A los choferes no les gusta hablar pero a mí sí me agrada comunicarme con mis pasajeros”, fueron las palabras iniciales de este carismático hombre servicial, atento y corpulento, de 1.75 metros más o menos.

Agradable a la vista su transporte; él, bien uniformado y con excelente presencia, dio la bienvenida a los que recién arribamos al puerto de Batabanó.

Con mucha confianza y como en familia indica que no se pueden ingerir alimentos dentro del carro; más, comprende la presencia de niños y tan solo solicita de por favor, no derramar comida u otros desperdicios en los asientos para ayudar a mantenerlos.

“Tengo una guía que seguir, pero para mí lo importante es que ustedes se sientan bien. Quien necesite que detenga el carro por alguna situación, me lo comunica. Por si les hace falta iré diciendo el nombre de cada parada. Si puedo ayudarlos en algo, aquí me tienen.

“Disculpen el teque, este intercambio lo considero fundamental para lograr un feliz viaje. “Gracias por su atención. Para mí es un placer viajar con ustedes”.

Acorde con estos tiempos, Lázaro López Valdés, perteneciente a la Unidad Básica de Base de Ómnibus Nacionales Francisco Caamaño de La Habana, reconoce que en todo el país se hacen grandes esfuerzos en el mantenimiento y reparación de estos medios de transporte, que van desde el ahorro de combustible hasta la remotorización.

Qué bueno sería que muchos de los trabajadores del territorio, sobre todo aquellos con un estrecho vínculo con los usuarios, se miraran en el espejo de este chofer devenido comunicador natural, quien como todo hombre consagrado sabe del valor de una vida, conoce la importancia de intercambiar con el público y considera que más que una actividad es una actitud.

Al verlo parece un conductor más y no interesa su nombre, pero, le confieso, que al conversar tan solo un minuto con él, de seguro se contagiará con ese humanismo multiplicado 733 veces.

 

 

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