Las mentiras y el dinero que los guía y desune

Los turbios motivos de la minúscula contrarrevolución interna, pagada y orientada desde Estados Unidos con el objetivo de generar acciones subversivas contra el orden y la tranquilidad de los cubanos, quedan al descubierto con la misma velocidad de sus mentiras, arma predilecta de esos mercenarios.

Con pruebas documentales, imágenes de videos y audios son desenmascaradas y denunciadas tales fechorías marcadas por el uso intencionado de redes sociales, medios digitales, actos vandálicos y terroristas, así como los vínculos articulados con las agencias y contratistas del imperio, que no solo aporta dinero, para la desestabilización de la sociedad.

Para ejemplificar con los más recientes casos, al igual que Luis Manuel Otero Alcántara, el huelguista de hambre que pudiera entrar al libro de Récords Guinness, con una hemoglobina de 16,8, después de “ocho días –según él– sin probar alimentos”, Anamely también recibe indicaciones de “otra madrina”, en verdad agente de los servicios especiales estadounidenses, quien guía sus pasos y financia desde allá, por “la libertad” de Cuba.

Anamely Ramos González, desde México, arengaba al desorden: “Ahora mismo se están concentrando en el parque de enfrente de la terminal de trenes en La Habana Vieja…” y posteaba una foto tomada quién sabe cuándo, de un sitio donde no había nadie aquella tarde.

Era otro show de las figuras más visibles del drama mediático del autotitulado Movimiento de San Isidro, siguiendo el guion ordenado desde el norte.

La susodicha madrina Hierro Dori, para que se tenga idea del sucio linaje, tiene una activa participación en foros subversivos contra Venezuela, Nicaragua y Cuba –país que ha visitado como emisaria y presidenta de la ONG Cultura Democrática, subcontratista de la Fundación Nacional para la Democracia– para llevar dinero y medios técnicos a sus mercenarios.

Ya no engañan fácilmente. Esta parentela es una de las tantas que articulan a la fauna anticubana que siempre está minada por dentro, porque como dice el viejo refrán: “El dinero no tiene amigos”.

A partir del 2004, el Consejo Nacional de Seguridad, la Cia, la Ned, la Usaid, el Pentágono, el Departamento de Estado, la representación de EE. UU. en La Habana y agencias de inteligencia del imperio fueron lanzadas contra Cuba, operando de conjunto para derrotar de una vez la Revolución.

El uso de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (Tic) constituye una prioridad del enemigo, sobre todo en los planes contra la juventud. Están apurados porque, como ellos reconocen, Cuba también considera el conocimiento de las Tic como fundamental para el desarrollo y la defensa nacional.

Entre sus objetivos más perversos se proponen enajenar a las mujeres de la Revolución, sembrar la duda, la inconformidad y la confusión, valiéndose de las insatisfacciones y utilizando su engrasada maquinaria subversiva. Pero no se limitan a poner dinero, elaboran matrices con la música que los “representantes” sugieren a sus cultivadores como “demanda el mercado”. Está la infeliz experiencia de algunos músicos de no tener conocimiento de estar siendo manipulados, de ahí la enseñanza de no ser ingenuos, pues ningún terreno escapa a sus perversos planes.

Sobre la actividad ideológica los cubanos tenemos clara estrategia de victoria en la Resolución trazada por el 8vo. Congreso del Partido, en abril último: “Enfrentar, de manera sistemática y previsora, la subversión político ideológica en todos los escenarios y formas; optimizar el empleo de los recursos y las fuerzas; en particular, fortalecer el activismo revolucionario en las redes sociales digitales, insistir en el perfeccionamiento de la alerta oportuna y el desarrollo de sistemas de trabajo sustentados en una información y actualización más dinámica por todos los organismos en los diferentes niveles”.

A la inversa de las mentiras sustentadas por el enemigo, aquí es ética y política: “Garantizar el acceso del pueblo a una información veraz, objetiva y oportuna; enfrentando las debilidades que aún lastran este propósito…”.

Isla de la Juventud Opinión
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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