Lágrimas por Siria

quiala-opinionPor Alexis Quiala Ferrer

Mientras el país medio oriental se desangra las potencias occidentales siguen apostando al caos y la destrucción por una parte y, la guerra mediática y la propaganda contra el gobierno constituido de Damasco, por otra, como hipócrita herencia imperial para ese territorio.

quiala-opinionPor Alexis Quiala Ferrer

Mientras el país medio oriental se desangra las potencias occidentales siguen apostando al caos y la destrucción por una parte y, la guerra mediática y la propaganda contra el gobierno constituido de Damasco, por otra, como hipócrita herencia imperial para ese territorio.

Las últimas acciones en ese país señalan hacia el reforzamiento de los encuentros militares, destrucción y atentados dentro de la propia Damasco y  la eliminación física de miembros del gobierno, tal y como ocurrió recientemente con el Ministro de Defensa Iraquí, ultimado en esta semana.

Potentes explosiones rompen la tranquilidad dentro de la capital siria y elevan la ya declarada guerra, entre grupos armados desde fuera y la policía y el ejército constitucionales, con su carga de destrucción y muertes de civiles.

Mientras las potencias aliadas de Washington se reúnen, alegando preocupación por el pueblo sirio, echan más leña al fuego, brindando armas, apoyo logístico y dinero a los grupos armados enemigos del gobierno.

Además, crean problemas al actual régimen, con la expulsión de sus embajadores, bloqueos a sus empresas y castigos a sus dirigentes.

Ante cada ataque, cada masacre en algún poblado sirio y cada acción de las fuerzas contendientes, occidente responde con sanciones al gobierno sirio, más representación para  la otra fuerza beligerante y desconociendo sus propios planteamientos de llegar a un acuerdo pacífico en ese convulso país.

Hillary Clinton, miembro del gobierno norteamericano, ha expresado, en muchas ocasiones que el presidente sirio debe abandonar el gobierno, como forma de acabar con los encuentros armados, receta que se parece mucho a la utilizada en el caso libio.

Por su parte, China y Rusia, se oponen a las acciones bélicas y piden  un proceso pacífico que termine con los sangrientos enfrentamientos y lleve al país a un acuerdo de paz, donde sean los propios sirios quienes resuelvan sus querella.

Ya en la ONU los dos países se han opuesto a fórmulas basados en la invasión extranjera o el empleo de la OTAN con su potencia militar para apoyar a los beligerantes contra el gobierno instituido.

Rusia tiene mucho que perder si Estados Unidos y sus socios toman el poder en Siria. Allí está el único puerto amigo, donde la flota naval rusa descansa en el mediterráneo.

China, por su parte, tiene contratos en varias ramas económicas que se verían afectados con un cambio brusco de gobernantes, como ya pasó en el caso de Libia, donde los contratos del gran país asiático fueron cerrados y cedidos a los nuevos aliados de los que detentan hoy el poder.

Bashar al Asad, presidente sirio ha reiterado que solo por la vía pacífica se pueden resolver los actuales problemas del país e insiste en que son las potencias europeas, los regímenes árabes que están contra su gobierno y la administración Obama quienes organizan la fuerza insurgente y le entregan armas para crear los actuales enfrentamientos.

De esa forma, las potencias que quieren apoderarse del mundo y cercenar la libertad de algunos países presionan y promueven derramamientos de sangre; el medio oriente sigue siendo una zona bélica y el mundo se mantiene llorando por Siria.

 

 

 

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