La virtud hecha Ley

Foto: Yesmani Vega Ávalos

Tan contundente como el Sí a la nueva y moderna Constitución socialista de Cuba, que en este ultramarino Municipio especial cubano sobrepasa el 89 por ciento de los electores, fue lo que expresan el reducido voto por el no, que representó apenas el 7,53 por ciento, y las cifras insignificantes de boletas anuladas o en blanco.

Este resultado es otro logro innegable en medio de adversas circunstancias, tras casi seis décadas de genocida bloqueo imperial para rendir al pueblo, y una descomunal ofensiva neoliberal de un gobierno en medio de la impotencia y ocaso como potencia, con desesperados planes guerreristas contra Venezuela y amenazas a Cuba como su próxima víctima en sus ansias belicistas.

De hecho han recrudecido sus ataques y en los últimos tiempos han sido permanentes las campañas para desacreditar el limpio proceso constitucional y alentar al voto negativo por la Carta Magna.

Sin embargo, para mí como para la mayoría de los compatriotas esa sucia cruzada se convirtió en otra de las razones para ratificar en voto libre y secreto el Sí a la Ley Fundamental que regirá los destinos del país tras su proclamación y de mayor confianza en la estrategia trazada de seguir cambiando lo que deba ser removido.

Así, cada calumnia por desacreditar la limpieza del referendo, con las urnas custodiadas por niñas y niños, no por militares, y escrutinios ante la vista pública, la interpretamos como el mejor reconocimiento a un resultado que les duele porque es otro triunfo de la Cuba digna, soberana y diversa, que profundizará sus transformaciones, desde las propias leyes en lo civil, penal, laboral y otras ramas del Derecho, todo en aras de un mejor país.

Por eso cada improperio para que neguemos esta obra de todo un pueblo constituyente, lo trocamos en fuerza para afianzar la senda escogida. Ya lo recordó Fidel en los duros años del período especial: “En la lucha contra el vicio se cultiva la virtud”.

Y esa integridad y respeto al criterio ajeno no solo estuvo en la no obligatoriedad del voto, sino también en la naturalidad con que seguimos andando con quienes tuvieron opiniones divergentes acorde a sus patrones culturales, pero que en su inmensa mayoría comparten las mismas trincheras y sueños.

 

Isla de la Juventud
Diego Rodríguez Molina
Diego Rodríguez Molina

Licenciado en Periodismo en la Universidad de La Habana. Tiene más de 40 años en la profesión

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